Queridos amigos y amigas:
Tengo que daros una noticia de notable importancia para mi vida aquí en Honduras:
dejo definitivamente la Monterrey y voy para otra parroquia, siempre en Honduras, en la arquidiócesis de Tegucigalpa.
Hay varias razones básicas para dejarlo:
a) vivir el ritmo de la Monterrey es complicado y exige todo, el ritmo es extenuante, porque se vive en una tensión constante y apenas hay descanso en ningún momento del día; debido a esto el año pasado terminé con una fuerte crisis de ansiedad, que me llevó a plantearme la posibilidad de vivir a parte y no continuar residiendo en la casa cural aunque continuara colaborando en los proyectos;
b) personalmente me cuesta mucho la vida en comunidad; estoy convencido de que mi vocación no es de vida comunitaria, de mis veinte años de sacerdocio los dieciséis que pasé en mi diócesis originaria de Cuenca viví solo, y es cuando me encuentro con mayor capacidad para entregar más de mi, disfrutando de tiempo y el espacio que me queda libre y que me nutre para después poder aportar más a las personas que sirvo;
c) echo de menos el trabajo continuado en una parroquia, el compartir con una misma comunidad estable, no pasando domingo a domingo de sector en sector como arquilla de turronero. Al final uno sólo sirve para ser cura (nada más y nada menos).
Mi papel a cargo del proyecto Populorum Progressio había adquirido en el último año un cariz más de gestor que de otra cosa en muchos momentos. Han sido tres años de un trabajo precioso y opino que muy bueno por mi parte (y por parte de los muchachos también); pero ahora comienza otra etapa y sigo feliz mi camino en Honduras esperando ver y vivir qué me deparará el Señor, Él sabe lo que más me conviene y me dejo conducir por su Sabiduría.
Hasta el 23 de septiembre, fecha en que regresa mi compañero Francisco Piñas, estoy viviendo en el barrio El Bosque, en la parte alta de Tegucigalpa, una zona bastante tranquila, justo debajo de El Picacho.
La casa, adosada a la iglesia, es pequeña y acogedora, me siento muy bien aquí. La gente de la parroquia es muy amable y cariñosa y estoy muy a gusto. Todos los días tengo misa a las seis de la tarde y los domingos también a las nueve, lo que me da espacio para seguir colaborando en lo que puedo con la parroquia San José Obrero, a la que pertenece La Monterrey, y de la que despediré cuando me vaya a mi destino final.
Parece que será un pueblo y sus correspondientes aldeas y caseríos que se llama Sabanagrande y está a cuarenta y cinco minutos de Tegucigalpa, por carretera pavimentada, en dirección al sur. Por ahora no sé más detalles, de todos modos de aquí al 23 de septiembre pueden pasar todavía muchas cosas.
En las circunstancias que atraviesa el país tengo claro que quiero continuar trabajando aquí, entregando lo mejor de mi y esforzándome por estar lo más cerca de los más empobrecidos, que siempre son los que llevan la peor parte.
Quiero agradecer a Patricio y a todos los jóvenes colaboradores del proyecto Populorum y del CCJ que me han acogido y acompañado durante estos más de tres años y que me han introducido en la realidad y la vida hondureñas. También he aprendido mucho de todos los voluntarios españoles y de otros países que nos han acompañado en este tiempo.
Sigo mi camino y estoy a la disposición de todos vosotros para cualquier cosa que necesitéis de mi.
Un abrazo muy fuerte a todas y a todos, con mucho cariño.
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Queridos amigos del proyecto Populorum Progressio:
Imagino que ya todos saben que he dejado La Monterrey, que no vivo en la casa Cural y que en breve voy a cambiar de parroquia. Me he puesto a disposición del Cardenal para que me envíe donde más me necesite y espero poder continuar trabajando con las personas más pobres de Honduras por muchos años, mientras Dios me lo permita.
Quiero agradecerles a todos ustedes el cariño y el apoyo con que me han tratado en todo momento, y el respeto exquisito, incluso cuando yo no he sido capaz de tener paciencia con ustedes y me he puesto enojado y pesado. Por eso deseo pedirles perdón, espero no haberlos ofendido nunca, pero si lo he hecho les ruego que me perdonen.
Les pido también que sigan orando por mi y que sepan que donde yo esté siempre tendrán un amigo de verdad que los lleva en su corazón y que está dispuesto a ayudarles en todo lo que yo pueda.
Me pueden llamar al celular (98576886) o escribirme a mi correo electrónico loviclerk@yahoo.es y desde donde esté siempre trataré de ayudarles y seguir en contacto con todos ustedes.
Me hubiese gustado mucho despedirme de ustedes de otra manera, pero no ha sido posible. Sigan siempre adelante y traten de superarse, aprovechen la oportunidad que les da el proyecto y sigan formándose para ayudar lo más posible a su gente, a sus comunidades y a sus familias.
A los que reciban este correo les pido por favor que lo hagan llegar al resto de sus compañeros.
Un abrazo muy, muy fuerte y que Dios los bendiga.