Bendito Tú
¡Bendito Tú,
de quien parte siempre la iniciativa,
no sólo de la vocación,
sino también de la capacitación
para emitir respuesta.
Por eso,
porque Tú has hecho posible
que escuchase tu llamada,
quiero seguirte.
Y no me quieres ya
para recaudar impuestos,
sino para ser vida, VIDA
allá por donde vaya.
Me has llamado
para que te siga
con mi pobreza,
dejando mis pecados sobre la mesa;
son el impuesto a este mundo
de autosatisfacción e indiferencia.
Me has llamado
y quiero seguirte,
consciente de mi indigencia,
consciente de mi pequeñez,
de mi flaqueza;
sabedor también de tantos dones
como me has dado
para ponerlos al servicio del Reino.
Me has llamado
y necesito tu Gracia
para dejarlo todo encima de la mesa,
todo lo que me ata,
todo lo que me esclaviza,
todo lo que me aferra.