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Quiero dejar encima de la mesa
mis ropajes antiguos,
mis convicciones perfectas,
mi sabiduría occidental colonizadora,
mis prejuicios sobre los pobres y necesitados,
mis planes intachables,
mis ideales salvadores y redentores
para los que no tienen
todo lo que, pienso, tengo yo.
Encima de la mesa
mi conocimiento previo,
mi autosuficiencia “primer mundista”,
mis soluciones obvias,
mis criterios infalibles,
mi seguridad súper desarrollada;
todo lo que me aparte
de acercarme a Ti
descalzo.
Quiero dejar encima de la mesa,
o debajo,
o sobre el taburete,
o dónde sea,
pero abandonado,
mis sueños de grandeza,
mis alardes de héroe,
mi caridad autocomplaciente,
mi banalidad exquisita,
mi superficialidad glamurosa.
Encima
o debajo,
o en el taburete,
mi amor apasionado por mi mismo,
mi egolatría estúpida,
mi “buena” educación,
mi intransigencia con lo cutre,
mis deseos exclusivistas,
todo lo que me aleja del amor incondicional.
Quiero dejar encima de la mesa
de los impuestos
la recaudación obtenida
estos años de trabajo pastoral:
los éxitos,
el reconocimiento,
el prestigio,
las satisfacciones individuales.
Y me voy,
porque siento
en lo más profundo de mi interior,
en mi corazón, en mi mente y en mi ser,
que mi vida no tiene sentido
sino siguiendo la senda que me muestras,
abandonando las mesas y las sillas,
los puestos,
que hasta hoy han sido mi seguridad. |