Jn 21, 15-17.
Mt 9, 38-39; 16, 24-26
Mt 10, 8.
Jn 21, 15-17.
Mt 10.
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Y si es esto lo que dejo,
¿qué me queda para seguirte?,
¿qué me llevo yo?,
¿con qué camino en pos de Ti?,
¿con qué cuento?,
¿qué no debo,
no puedo,
o no quiero renunciar?.
La capacidad de amar
que Tú me diste
(siempre he experimentado
que todo lo bueno
que pueda haber en mi,
es por que lo pusiste Tú en mi vida),
Aquellos que amo,
que he amado
y continúo amando.
la capacidad de escucha,
el deseo sincero de conocer
más y mejor a mi hermano,
de quien camina a mi lado,
de dejarme aprender por él;
el interés por el otro,
el comprender que soy,
que, en definitiva, todos somos
“ser para los otros”,
“ser para los demás”.
Haber descubierto que,
en el encuentro con el otro,
me encuentro a mi mismo,
que conociéndolo,
a él o a ella,
me conozco cada día más;
que comprendiendo a mis hermanos
me comprendo yo,
que viendo en ellos y ellas tu amor
encuentro el amor en mi vida,
que en ellos me amas,
me regalas y me cuidas;
por eso entiendo
que me quieras a mi
para amarlos a ellos,
para que ellos encuentren en mi
un corazón atento y abierto,
con entrañas de misericordia.
Y en cada hermana y hermano concretos,
amar la humanidad total.
Todo lo que hasta hoy quise,
y no sé si conseguí, vivir
quiero vivirlo ahora allí,
donde Tú me llevas.
Porque entiendo
que eres tú quien me guía,
quien en providencia,
has ido contemplando mi proceso vital
para que encontrase
(desde mi ser libre,
a tu imagen y semejanza)
en el momento oportuno,
el lugar y el proyecto adecuado
en que debía dar el salto
liberándome lo más posible,
viviendo con mayor radicalidad
el Evangelio del Reino,
el Espíritu de las Bienaventuranzas.
Me llevo el deseo de renunciar a todo,
de perder la vida,
junto a mi hermano,
cargando su cruz con él,
para ganarla;
el convencimiento de comprometerme más
con quien me recuerda,
desde su dolor,
que lo que gratis recibí,
gratis lo he de dar.
Cuento con la reflexión serena
y el aprendizaje realizado
junto a las comunidades cristianas
a las que he acompañado,
para ser consciente
de que he de caminar con mis hermanos
desde su realidad y su historia concretas,
desde su cultura,
sus tradiciones y su idiosincrasia,
desde su cosmovisión y su espiritualidad,
como servidor,
como aprendiz, con ellos,
de la inmensidad del amor de Dios.
Y no debo,
no puedo,
no quiero
dejar de saberme amado por ti,
saber que cada mañana
bebo de la fuente
de donde mana tu amor,
de donde brota la vida,
la vida que debo compartir,
la vida y la existencia que
debo,
quiero,
y espero
poder partir
como el pan de cada día.
Pues tú haces de mi vida Eucaristía,
acción de gracias perpetua
por tu amor entregado
desde la Creación y la Encarnación
hasta Pentecostés,
pasando por la Cruz y la Resurrección.
Pan partido,
sangre derramada,
molido y pisado para ser alimento,
para dar a conocer tu Salvación,
la liberación integral
de cada hombre y mujer,
de toda la humanidad.
Me sé destinatario del Evangelio
en tanto me haga pobre con los más pobres,
en cuanto comparta mi vida con mis hermanos,
y así su suerte y su destino,
para transformarlo
construyendo juntos aquí
el Cielo nuevo y la Tierra nueva
donde habite la Justicia ,
desde la disponibilidad total,
poniendo mi vida en tus manos.
No puedo,
no quiero,
no debo
dejar de configurar mi vida
según tu voluntad,
desde un discernimiento honesto y sincero,
con todas mis limitaciones y pobrezas,
mi contingencia,
sabiendo que eres Tú quien hace en mi,
que yo sólo soy un siervo inútil,
que la vida que puedo entregar
es tuya antes que mía.
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