MARÍA
MARÍA.
Sus manos menudas y anchas se deslizaban con gracia sobre el pedazo de arcilla gris, sus pies comenzaban a hacer girar la base del torno y poco a poco iba modelando la pieza barro, el cacharro surgía de entre sus manos mientras sus pies iban adquiriendo velocidad sobre la rueda inferior.
-“Usted vino por primera vez el ocho de septiembre de mil novecientos noventa y cuatro; aquel día empezó a cambiar la comunidad”.
Lo dijo sin inmutarse, como si lo que decía no tuviese importancia alguna, sin ninguna expresión en el rostro que denotase alegría o admiración, sin detener sus pies ni sus manos, ni modificar la velocidad del trabajo emprendido; sin embargo sus palabras estaban cargadas de reconocimiento. Se dirigía a Patricio, el padre Patricio.
Se me hizo un nudo en la garganta e inmediatamente asocié: ocho de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen (Tejeda en Garaballa, Riánsares en Tarancón, Del Valle en Torrubia del Campo, Inmaculada en Almendros, Desamparados en Buendía).
Habíamos llegado a Carrizalón, en Copán Ruinas, la tarde anterior para entregar las mochilas y los útiles de material escolar a los niños becados de esa comunidad, a visitar la construcción de la nueva guardería y a urgir a los responsables para que comenzase a funcionar el comedor escolar con el nuevo curso; por la noche cenamos en Copán con dos de los muchachos de la casa Populorum de Ostumán (también perteneciente al municipio de Copán Ruinas) y habíamos hablado de la trasformación que había tenido lugar en esa comunidad de la que es natural Benedicto, uno de los jóvenes.
Patricio cuenta que siempre que venía alguien de España a visitar Honduras les acompañaban a visitar las ruinas mayas de Copán. En una de esas ocasiones buscaron esta comunidad de Carrizalón, pues habían leído un libro sobre comunidades indígenas de Honduras en el que reseñaba que era la única comunidad donde todavía se hablaba Chortí. Los Chortís son una de las etnias indígenas que pueblan Honduras, descendientes de los Mayas y que se sienten más vinculados a sus hermanos mayas guatemaltecos que a sus paisanos hondureños. Cuando Patricio llegó por primera vez a Carrizalón, un ocho de septiembre, con unos amigos españoles, la comunidad había sufrido una epidemia de cólera hacía unos meses y habían muerto ocho miembros de la comunidad por lo que todos se sentían muy afectados; al despedirse dejaron a la comunidad una ayuda para los más pequeños, ya que dos días después, en Honduras, se celebra el Día del Niño.
Así comenzó la amistad con Carrizalón. Poco tiempo después se becaron los primeros niños, más tarde vino la construcción de la antigua guardería un poco más adelante la ayuda para la construcción de unas cuantas viviendas que suplieran las muy deterioradas chozas de bareque (construcciones de palos, que forman la estructura de las paredes y sobre los que se prensa barro manualmente, con techo vegetal) en que vivían hasta entonces. Ahí fue cuando el Fhis (Fondo hondureño de inversión social) empezó a tomarse interés y también apoyó en la construcción de viviendas. Vino más tarde la cooperación con las mujeres para la construcción del taller de alfarería chortí-maya, y entre tanto más becas, la llegada de tres muchachos a Tegucigalpa para participar en el proyecto Populorum, y últimamente la nueva guardería, pues la anterior se quedaba pequeña. Al cabo de un tiempo, desde la llegada de Patricio y aquella primera pequeña ayuda, los miembros de la comunidad empezaron a tomar parte en la actividad de la Conich (Coordinadora nacional de indígenas chortís) y ahora participan en su presidencia. Hoy todos los niños y niñas de Carrizalón están becados y donde sólo se estudiaba hasta tercero de primaria, se imparte ésta completa y Maestro en casa para ciclo común (educación secundaria).
A todo esto se debía referir María cuando dijo “comenzó a cambiar la comunidad” con la mirada quieta y callada, sin ningún aspaviento, grandilocuencia ni afección, con el más sincero agradecimiento.
>“Y tú te regocijas, oh Dios, y tu prolongas en sus pequeñas manos tus manos poderosas; y estáis de cuerpo entero los dos así creando, los dos así velando por las cosas”, que dice el himno de laudes.
Así quiero, Señor, trabajar contigo, dejándome obrar como el barro inerme en las manos de María, con su mirada absorta y su silencio meditativo, con esa paz con la que ella modela la arcilla gris en su torno, junto a la ventana del taller de cerámica chortí de las mujeres de Carrizalón.
Déjame, Alfarero, ser barro entre tus manos; déjame poner mi vida en tus manos, para que tú, a través de las mías, continúes prolongando tu amor a la humanidad.