Querido flipante Dios

Querido Dios, querido flipante Dios:
Hoy hace cinco meses que llegué a Honduras, y me sigo preguntando por qué tanto amor, por qué me regalas con tanto ardor, por qué me cuidas con tan exquisitas caricias, gestos, guiños, por qué tanta complicidad.
Continúo dudando de mi mismo cada día, pero al mismo tiempo siento como Tú has puesto toda tu confianza en mi; me taladra la cabeza pensar si estoy haciendo lo adecuado, si mi manera de vivir es lo más adecuado al Evangelio, si me lo estoy realmente tomando en serio y si lo vivo con toda la radicalidad que puedo. Cuando me siento cansado o enojado o digo que ya no puedo más me avergüenzo, porque sé cómo vivo yo y cómo viven las personas que hay a mi alrededor, en mi misma colonia, mi vecina, las casitas del otro lado de la calle; sé que comodidades tengo yo y sé también de todo lo que ellos carecen, y se me cae el alma a los pies.
Me siento indigno, como siempre, de estar aquí y de tener la oportunidad de compartir mi vida con tus hijos predilectos, con tus herederos, pienso y sueño que tal vez un día tu me hagas capaz de vivir de tal modo que yo pueda merecer la herencia que a todos nos quieres regalar y de la que ellos ya tienen escrituras.
Celebramos el día del Corpus, el día de la Caridad, y yo me siento nada para hablar de amor, porque muchas veces entiendo que no amo sino a mi mismo, que me busco yo, que no me entrego lo suficiente, que sigo siendo mediocre y calculador, que mido lo que doy, que peso lo que dono, que cuento lo que ofrezco, que no me pillo los dedos, que no vivo en libertad, que continuo siendo esclavo de mis afectos y mis apegos, sobre todo emocionales.
Pero quiero celebrar con todos ustedes estar aquí, vivir aquí y querer continuar trabajando aquí, a pesar de mis muchas limitaciones e imperfecciones; que quiero permanecer aquí donde entiendo que Dios me ha colocado para darme la oportunidad de perfeccionar todo lo que necesito dejar transformar en mi por la fuerza de su Amor. Quiero celebrar con todos ustedes que si estamos aquí, donde quiera que nos encontremos, es porque Dios nos regala la dicha de ser hijos suyos y de desvivirnos por nuestros hermanos; y nuestros hermanos no son abstractos, son esos mismos en que usted y yo estamos ahora mismo pensando, sí, ellos precisamente, los más necesitados de todo, los que menos recursos e instrumentos tienen porque nunca nadie se los dio, o no les educaron para aprovecharlos adecuadamente.
Querido Dios, cada día me admiro más de la grandeza de tu amor y de todo lo hermoso que has creado (también me asombro de la maña que nosotros nos damos en destrozarlo sabiendo cómo cuidarlo) y de la oportunidad maravillosa que me regalas para colaborar contigo en la construcción de un mundo más fraterno, más justo, más humano, más divino.
Querido flipante Dios, gracias por Ser y Estar, gracias por tenerme aquí y haber puesto en mi vida tanta gente maravillosa, acá y allá, que me provoca la felicidad suprema de tropezar contigo en cada instante.
No quiero ni pensar lo puede ser encontrarse contigo cara a cara.

Leave a Comment

You must be logged in to post a comment.