Flipante Dios

Septiembre 3, 2006

GENTE DOCE

Guardado en: LoVi — Lovi @ 7:30 pm

 

Los últimos días han sido, como casi todos, especialmente emocionantes; intentaré explicarme mejor. Cada día es un cúmulo de sensaciones, de experiencias que desbordan, no importa que uno lleve unos días, o semanas, o siete meses, o catorce años.

La vida aquí es distinta y absolutamente inquietante, no existe un día “normal”, pero lo que quería contar es que en los últimos días han tenido lugar acontecimientos extraordinarios que me han emocionado de modo muy especial ( el 7º adniversario de la Escuela Santa Clara (ver en acoes.org), ir al Teatro Nacional con algunos de los muchachos Populorum a ver la representación de un grupo local de El Tartufo de Moliere, una reunión de capacitación espiritual (lectura y reflexión compartida del Evangelio)).

En todo esto veo la inmensa dicha que tengo de vivir y trabajar junto a gente tan especial, tan maravillosa; jóvenes colaboradores, solidarios, dispuestos, con deseos de superación y muchas ganas de preparase cada día más y mejor, con inquietud por aprender cosas nuevas, decididos a trabajar y buscar soluciones a los problemas de su pueblo.

Tal vez piensen que esto no es nada extraordinario y que eso mismo se da en todas partes, pero yo pienso que no es así. Estos jóvenes, tanto los de Tegucigalpa como los de las aldeas, han sido, en su mayoría, becados en sus estudios, de lo contrario quizá no hubiesen podido pasar de la primaria, en caso de que lo hubiesen conseguido; yo creo que es un valor añadido, ya que han tenido que superarse y superar la realidad de un entorno familiar y social adverso a su progreso personal.

La mayoría de los jóvenes que había conocido hasta ahora, exceptuando todas las excepciones posibles, son despreocupados, indecisos, aburridos, insolidarios; personas que individualmente son encantadoras, dinámicas, alegres, sensibles, pero que difícilmente se ponen manos a la obra de un modo continuado por alguna causa. Personas a las que quiero y respeto profundamente.

Los jóvenes con los que compartimos la vida en un proyecto común son abnegados, responsables, trabajadores, respetuosos, participativos. Y no son sumisos, sino animosos, agudos, punzantes, inquietos, activos; claro está que tienen defectos y cometen errores, y que no son la totalidad de los hondureños, eso es lo de agradecer, que nunca había encontrado tal concentración de personas valiosas por metro cuadrado.

La satisfacción de acompañar a doce jóvenes por primera vez al Teatro Nacional a una representación, o a la premier en Honduras del Réquiem de Mozart, interpretado por la Orquesta Filarmónica de Honduras y la Asociación Coral Filarmónica de Honduras, es una sensación difícil de explicar, no tiene precio.

Junto a esto su análisis y reflexión del Evangelio es emocionante, con una profundidad y rotundidad impactante, con un compromiso con su realidad personal y social digno de admiración, sin ambages, sin medias tintas.

Jóvenes que dedican cada día más de cinco horas, incluyendo muchos fines de semana y sus vacaciones completas (que aprovechan al máximo su tiempo y si los profesores no llegan o hay paros se vienen a la casa a trabajar), a colaborar en distintos proyectos de una envergadura sobrecogedora, de construcción de viviendas, de nuevos centros formativos, de proyectos educativos o de becas, la administración de la ayuda a más de quince mil beneficiarios anualmente, que están acabando sus estudios superiores o medios, que sufren todos los problemas de su entorno de colonias desfavorecidas, con graves conflictos familiares, pero que luchan incansablemente, no sólo por su persona sino sobre todo por la superación de la pobreza en su país, con la fuerza del Evangelio.
Hasta ahora había conocido “gente diez”, acá en Honduras tengo la dicha de conocer “gente doce”.

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