LOS HIJOS QUE NO TUVIMOS
“Hoy, veintiocho de abril de dos mil seis, en Tegucigalpa, distrito municipal central, la empresa estudiantil Tortillería La Hondureña queda constituida legalmente.”
Así, protocolariamente, quedaba constituida la empresa de la que forma parte uno de los muchachos con quienes compartimos casa y vida en la Monterrey, del proyecto Populorum Progressio, Denis Gámez , en un evento organizado por el instituto en que está cursando sus estudios de Bachillerato de Comercio.
Ese mismo día, unas horas antes, comenzaba la celebración del matrimonio de Marco Antonio y Alejandra Liena en el Cristo de El Picacho. Marco Antonio fue uno de los jóvenes que, con ayuda de Patricio, comenzaron el proyecto de ayuda a jóvenes estudiantes de comunidades, Populorum.
En ambas celebraciones actué como testigo; en la de Marco Antonio y Liena como concelebrante, junto a Patricio, de la Eucaristía; en la de Denis como padrino y mentor de la empresa.
En ambas sentí la profunda emoción y el agradecimiento, a ellos y al Señor, de permitirme compartir momentos cruciales de su vida.
Así es la cosa, los hijos que no tuvimos nos crecen por docenas, multiplicando la responsabilidad y el amor que ello conlleva; dentro de unos meses llegarán las graduaciones y rodarán las lágrimas al contemplar orgulloso y satisfecho a la familia que Dios me ha regalado.
Merece la pena todo el trabajo y el esfuerzo y la dedicación prestada, también regalo de Dios, ellos son el mejor regalo, contemplar como salen adelante, como, aunque hayan dejado el proyecto, continúan cerca y participan de este estilo de vida; como siguen trabajando por sus comunidades y gestionan y dirigen proyectos de desarrollo para ellas, como persisten en su formación personal de un modo solidario, descubrir su sensibilidad ante los problemas de quienes les rodean, la búsqueda incansable por colaborar y participar del mismo proyecto de vida, el esfuerzo por construir una Honduras más justa, menos agresiva, más equitativa, menos dolorosa, más desarrollada, menos turbulenta.
Decía Luis Eduardo Aute: “Los hijos que no tuvimos descienden por las cloacas”; yo reescribo y canto: “ Los hijos que no tuvimos florecen y fructifican, bendito el Dios de la Vida que agiganta el corazón.”
Ahora, cuando acabo de escribir esta página estamos en noviembre, y aquí en Honduras es época de exámenes finales, de graduaciones y de recogida de frutos de todo lo invertido en muchos años, con bastante esfuerzo, unos con más ahínco que otros. El próximo miércoles veintidós se gradúa Porfirio(!) en la universidad, es la única gaduación a la que podré asistir, no así a la de Dany, ni a la de Manuel, ni a la de Dennis, ni a la de Amparo, porque ya estaré en España pasando unos días. Me libro, por lo tanto de torrentes de lágrimas, recordando también a Alfredo que ya se ha graduado en la Jerusalén del Cielo, viendo a los hijos que me ha dado la historia crecer y superarse. A todos ellos, y en especial al primero, dedico estas letras, con todo mi afecto.
(!)Porfirio no participa en el proyecto populorum, es uno de los jóvenes voluntarios de la parroquia que han alternado sus estudios con las máximas responsabilidades en el trabajo que aquí desarrollamos, en lo que llamamos CCJ, Centro de Capacitación Juvenil, anexo a la casa Cural.