NO ES POR CASUALIDAD
Llevo ya tiempo, creo que son meses, dándole vueltas a esto, y quisiera que sirviera como felicitación de Navidad.
¡Qué distinto todo este año! Soy el mismo, pero ya nada es igual.
Si la Navidad pasada os saludaba diciendo ME VOY, esta os puedo decir: ME QUEDO, no hay marcha atrás. Claro está que todo está en manos de Dios y que nunca sabemos que va a pasar mañana, pero si de lo que aquí en Honduras estoy viviendo depende, ME QUEDO.
Por eso digo que no es por casualidad, no creo que sea por casualidad que yo esté aquí, Alguien estaba muy interesado en ello y buscó el modo de conseguirlo manejando los hilos de mi historia, y me trajo en el momento oportuno.
Pero lo de “no es por casualidad” no comenzó por escribir un mensaje navideño, ni por mi historia personal en Honduras, comenzó por Honduras mismo, comenzó reflexionando acerca de la idea que tenemos en los países autodenominados “desarrollados” de los que llamamos “subdesarrollados”, o más eufemísticamente “en vías de desarrollo”; me vino a la mente esa expresión (que acude a mi memoria con la melodía de aquella canción pasada de moda) por la situación de los jóvenes con los que trabajo y comparto mi vida, por lo caótico de la ciudad donde vivo, por la injusticia radical que asola el país que me acoge, en definitiva por la ingente dificultad que supone todo aquí.
No es por casualidad que llamemos a Honduras, como a otros tantos, país pobre; no es por casualidad que el país no pueda despegar; no es por casualidad que los gobernantes y las instituciones sean nidos de corrupción y aprovechamiento personal de los bienes comunes; no es por casualidad que la ley de educación que se trabajó y preparó con ayuda de las organizaciones internacionales no haya salido del cajón del presidente del congreso en más de cinco años, sin llevarse a efecto; no es por casualidad que el sistema nacional de salud sea un desastre donde la gente muere a chorros por que no se tienen los medios adecuados en los hospitales públicos; no es por casualidad que no haya vías de comunicación decentes, prácticamente, en todo el territorio nacional; no es por casualidad que las escuelas y los colegios no tengan los instrumentos necesarios para realizar su labor docente, y por lo tanto todo sea a expensas de los bolsillos de los padres de los alumnos, o de estos mismos; no es por casualidad que cuando alguien de bajos recursos quiere plantearse estudiar y formarse se da cuenta de que hay tantas barreras que saltar que se convierte en algo prácticamente imposible.
Mi padre hablaba a menudo del “hombre del lapicerete”, un señor que, oculto a los ojos del mundo, hacía sus cuentas con su lapicero y decidía qué, cómo y cuando se debía hacer en la economía y la política mundial.
No es por casualidad que los hondureños sean como son, ni que los que no lo somos los miremos como los miramos, que los juzguemos desde nuestra visión particular de la vida y de la historia y nos dolamos de su quietud, su tranquilidad o su parsimonia; pero claro, tampoco es por casualidad que sean tan sumisos como son, que no tengan, o tengan muy poca (salvo muchas y muy honrosas y maravillosas excepciones) capacidad de comprometerse y responsabilizarse de los intereses comunes, no es por casualidad que sean tan individualistas, pues nadie ha invertido nunca en ellos, nadie de todos los que han pasado por el país han entregado nada, han ido llevándose todo, robando todo y dejándolos siempre sin nada (las compañías norteamericanas que explotaron las plataformas frutales, por ejemplo, desmontaron el ferrocarril, raíles incluidos, que habían construido para el transporte de la fruta desde las plantaciones al muelle del puerto y se la llevaron de regreso a su país, cuando consideraron que el negocio ya no era rentable), sólo con su desgana y su desilusión por transformar su historia y su futuro. No es por casualidad que no se atrevan a opinar o a manifestar su postura ante determinadas situaciones, pues nunca nadie les pidió parecer; no es por casualidad que les cueste planificar y tener visión de futuro cuando no se tiene asegurado el sustento de cada jornada.
Sólo quienes han decidido dar todo a cambio de nada han logrado ser elementos dinamizadores y transformadores de la realidad hondureña y de otras realidades de nuestro mundo, pero aunque sea en pequeños espacios (el Reino de Dios es como una semilla de mostaza) la vida de algunas personas, de algunas comunidades, de algunos colectivos, va cambiando, van adquiriendo instrumentos y recursos para superar la pobreza y van aprendiendo que dando lo mejor de uno de un modo solidario y amoroso es como se transforma el mundo y la realidad que nos ha tocado vivir. Porque Honduras, como país empobrecido, que no pobre, sino injusto y desigual, es lugar teológico, donde Dios se encarna y se hace presente en la acción de hombres y mujeres, jóvenes, niños y niñas, que han decidido poner manos a la obra para poder iniciar en sus propias vidas y en las de quienes les rodean la auténtica revolución del amor.
Pero tampoco es por casualidad que las personas con las que comparto mi vida y mi historia son, más que especiales, espectaculares, brillantes, no es por casualidad que en cuanto se les han dado los instrumentos mínimos han reaccionado positivamente y trabajan con ilusión, entusiasmo y decisión cada día, eso en cuanto a los hondureños, ¿qué decir de todos los demás que se dejan caer por allí?; no es por casualidad que en quince días sin verlos los eche tanto de menos, no es por casualidad que en este recorrido visitando alguno de los colaboradores y amigos y compañeros de camino en nuestro proyecto aquí en España, me emocione al referirme a mi nueva familia hispano hondureña canadiense suiza chilena francesa italiana, la familia universal sin divisiones ni distinción.
Y tampoco es por casualidad que sepa, pues lo sé, que si estoy allí es también gracias a vuestra oración, a vuestra ayuda, a vuestra confianza y a vuestra colaboración desinteresada con algo que sólo conocéis de oírmelo decir.
Por eso no es por casualidad que desee seguir aquí, no es por casualidad que aún escribiendo las últimas líneas desde España, en mi regreso vacacional, me sienta desilusionado y desencantado de esta sociedad consumista, devoradora y destrozona con la que no me siento nada identificado y de la que sólo quiero escapar para que no me agarre (sólo me consuela ver a mi familia, mis amigos y la gente que amo).
No es por casualidad que quiera que mi vida sea toda Navidad dando lo mejor (quizá también lo peor) de mi a tantas personas entrañables de esta Honduras que ya me atrevo a considerar mi país.
NO ES POR CASUALIDAD,
¡ME QUEDO!
¡FELIZ NAVIDAD!
¡FELIZ AÑO NUEVO 2007!