Flipante Dios

Agosto 11, 2007

Restaurante China

Guardado en: LoVi — Lovi @ 8:34 am

RESTAURANTE CHINA, FRENTE AL PARQUE.
        Esa era toda la referencia que teníamos para llegar; allí había que preguntar por una tal Dª Alicia, y así lo hicimos.
        Habíamos salido de Tegucigalpa algo tarde, pasadas las nueve de la mañana después de que fuera a celebrar la eucaristía a la casa de las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta. Era la primera vez que subía al norte, al departamento de Olancho, y ni siquiera sabía con certeza que carretera había que agarrar, aunque tenía una ligera idea; en lo que hubo mayor división de opiniones fue en el tiempo empleado en el viaje: yo a alguien le había oído que dos horas, pero no sabía a quién, otros me decían que seis horas, otros que cuatro, en cualquier caso había que tomárselo como aventura, pues en lo que sí coincidían todos era en que la calle, a pesar de ser pavimentada toda ella, estaba muy mala.
        Me acompañaba Samuel, pues no creí conveniente hacer un viaje así yo solo, por cualquier cosa. Llevábamos alguna provisión de comida y lo poco que había encontrado de lo que pedían en uno de sus correos electrónicos, con unas cuantas cajas de ropa del último contenedor de Canadá para una comunidad que habían visitado, y en la que pretendían becar algunos niños,  no demasiado lejos de su lugar de residencia.
        El viaje no fue demasiado malo, salvo que, como me habían advertido, la carretera se encontraba en unas pésimas condiciones; algún tramo estaba siendo reparado, quizá porque el Presidente de la República procede de este departamento. Llegamos a Juticalpa, capital departamental, y desde aquí la calle iba jalonada por sendas filas de árboles que enlazaban sus ramas en lo alto creando una bóveda vegetal agradabilísima, pues el día era muy caluroso. De esta manera llegamos a Catacamas, y sólo preguntando una vez, al parque, estacionando el carro a la puerta del Restaurante China.
El auto que andábamos no era en absoluto discreto, pues el rótulo Casa Belén en letras rojas sobre blanco nos delataba. La señora que se apoyaba en el quicio de la puerta nos miraba con ojos de sospecha pensando qué buscarían allá aquel gringo blanquito acompañado por el joven catracho; un señor de aspecto desaseado, pero correctamente vestido, sostenía el quicio opuesto.
-                               “Buenos días, disculpen, busco a Dª Alicia”, dije mientras rebuscaba en la bolsa del pantalón la nota dónde había escrito las referencias que me indicaban cómo encontrar aquel lugar.
-                               “ Y ¿para qué la ocupan?”, respondió con una mezcla de extrañeza y admiración.
-                               “Creo que es una señora que alquila cuartos, yo vengo buscando a dos jóvenes a quienes ella hospeda, Rafael y Horlyn”.
-                               “Yo soy” contestó con un cierto aire de sarcasmo y autosuficiencia.
La señora llamó a una muchacha para que mostrara dónde se encontraba el cuarto. Camino de el hospedaje de los muchachos, la joven comenzó a contarme sus intimidades refiriéndome que había dejado con su novio, que estaba muy afectada y no sé cuantas cosas más; yo quedé muy sorprendido de tan acelerada confianza, qué más tarde le pesó grandemente al enterarse de que yo era sacerdote (a saber qué imaginaba la muchacha).
Al fin llegamos al cuarto, pero los dos jóvenes andaban por la universidad y hasta las cuatro o más de la tarde no regresarían. De nuevo en el restaurante China preguntamos por algo para almorzar, pues ya eran bien pasadas la una de la tarde (en Honduras se almuerza a las doce del medio día), sin embargo nos ofrecieron traerla de otro establecimiento, pues allí no había almuerzo. Me resultó curioso que en un restaurante no tuviesen nada que ofrecer. Mientras esperábamos que la joven que me había acompañado a la cuartería trajese la comida permanecimos en el local tomando un fresco. Fue entonces cuando contemple la escena más simpática del día: Dª Alicia apoltronada en un sillón de alambre y tiras plásticas, que milagrosamente la sostenía, mostraba sus celulíticos muslos de piel de naranja bajo las escuetas bermudas, mientras platicaba plácidamente con algún visitante, en cuya conversación nos incluyó, hablaban de religión, de la sobrina que se había pasado a una iglesia evangélica, a pesar de ser muy buena persona, y entonces sucedió:
-                               Yo soy como animalito, no voy ni a una ni a otra.
A mi me resultó tan gracioso que apenas pude contener la risa, mientras Samuel me miraba con ojos de asombro, como si no pudiese creer la expresión que acababa de escuchar: “soy como animalito”, ¡qué bárbara!. Dª Alicia parecía más que la regente de un restaurante, la de un lupanar, con una mirada pícara y brillante no exenta de atractivo, y aunque ahora su cuerpo estaba deformado por los años y la obesidad, se podía sospechar que fue hermosa, y su desparpajo, su soltura fumando y su charla amena y agradable, su lisonja con todo el mundo, me evocaban escenas nunca contempladas en la que ella era el centro de atención.
Acabado el frugal almuerzo regresamos a la cuartería a la espera de Horlyn y Rafael a su regreso de la Universidad. Ambos estudian en la ENA, Escuela Nacional Agrícola, perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, residiendo en el pequeño cuartito alquilado donde apenas les cabe la litera, la estufa para cocinar la cena y el desayuno (el almuerzo lo hacen en la universidad por diez lempiras) y una mesa para estudiar y hacer las tareas, que también hace las veces de altar en los momentos de oración matutina y vespertina que siguen con proverbial constancia y auténtica piedad.
Rafael y Horlyn constituyen la casa Populorum de Catacamas, que acogeremos al patrocinio de San Isidro Labrador, en espera de que muchos jóvenes del proyecto realicen aquí sus estudios para después poner sus conocimientos como ingenieros agrícolas al servicio de sus  comunidades de origen y de proyectos de mejora de las condiciones de la agricultura de nuestra Honduras.
Acabado el primer semestre Rafael, por razones que tal vez en otro momento contaré, ha dejado el proyecto, mientras Horlyn continúa en Catacamas, ahora becado e interno residiendo en la misma universidad.

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