GRATIS
Cuando comienzo a escribir es domingo, nueve de marzo, el quinto de cuaresma, por la noche. Han sido las elecciones generales en España, pero todavía no me he preocupado de enterarme de los resultados (ahora ya sé que ha vuelto a ganar el Psoe). Esta tarde hemos visto con los muchachos y muchachas de Populorum la película “La Pasión de Cristo”, dirigida por Mel Gibson, la cruda y polémica película sobre la Pasión.
He vuelto a nuestra casa en la Monterrey y después de saludar a Ramón, que acaba de regresar de España de compartir con su familia el cuidado de su padre enfermo de alzheimer, he ido a mi cuarto a buscar la música apropiada, y como no encontré lo que buscaba, la Pasión según San Mateo de J. S. Bach, he estado escuchando “Meditación ante la Cruz” de Brotes de Olivo mientras preparaba algo de cena.
Ahora continúo con Brotes de Olivo, “Yo soy”, mientras en la mesa de la cocina he instalado la computadora portátil, porque no me aguanto más las ganas de escribir. Me gustaría hacerlo más a menudo, y no es por falta de estímulos, ni por falta de motivos para hacerlo, es más bien por falta de tiempo. Y debería hacerlo más pues escribir, para mi, es medicinal, me ayuda a asumir y drenar tantas emociones y sensaciones que vivo a diario, y también me da la posibilidad de compartirlo con quienes lo leen.
Hoy en el almuerzo me he enterado de que voy a poder celebrar toda la Semana Santa en el mismo sector de la parroquia, en el que vivimos nosotros, desde el domingo de Ramos hasta la Vigilia pascual, todos los días. Ya llevaban días los jóvenes encargados de pastoral y de liturgia del sector pidiéndome que me reuniera con ellos para ayudarles a preparar las celebraciones litúrgicas de estos días; es por eso que imagino que han sido ellos los que han pedido al párroco que fuera yo quien presidiese las celebraciones esta Semana. Es un regalo, pues añoro mucho la vida de parroquia, el compartir con la misma gente los procesos de cada tiempo, de las celebraciones encadenadas, la reflexión continuada de la Palabra de Dios, preparar los signos, los gestos, las catequesis, el cuidado de las celebraciones, todo lo que conlleva la vida parroquial, el acompañamiento de una comunidad cristiana en la vivencia cotidana del compromiso por el Evangelio. Recuerdo la dedicación y esmero con que preparábamos todos los ejercicios cuaresmales: via crucis, celebraciones penitenciales, eucaristías dominicales, oraciones, momentos de contemplación, y me satisface pensar que todo aquello sirvió para que en las parroquias se viviese intensamente este tiempo especial y nos acercase más al amor del Señor.
Es un regalo, gratis, como todo lo que Dios me regala cada día; el hecho de estar aquí en Honduras, el trabajar con tanta gente que de verdad parece querer cambiar en algo las cosas, aunque a veces sólo sea su propia situación personal. Es un regalo vivir queriendo hacer y construir, pudiendo ayudar, teniendo la oportunidad de sentirme vivo y útil.
Reflexionando con motivo de la película, o a raiz de ella, me siento indigno de tantas cosas, de tantas situaciones como vivo, y sobre todo porque vivo rodeado de quien vivo, y porque veo cada día tanto sufrimiento tan cerca de mi y siento que yo lo tengo todo y más.
….
Hoy (ya es martes) hemos reflexionado juntos los compañeros sacerdotes, Patricio, Ramón, Francisco, José y yo, las lecturas de la celebración del domingo próximo, de Ramos, y me he quedado casi en silencio, por que me da pena (vergüenza) hablar, por eso precisamente, porque vivo con todo rodeado por tantos que apenas tienen lo imprescindible. Es una cruz. Hay quien trata de justificarnos diciendo que si nosotros no nos encontramos bien no le podemos ayudar a la gente, y tal vez en parte sea cierto; pero a mi hay algo que me sigue chirriando, que me sigue afectando, seguramente es sólo mi facilidad para acomodarme lo que me inquieta, y pongo otras escusas por no afrontar mi realidad personal, a la que yo mismo he de hacer frente en lo que tiene de incómodo para mi, pues me cuestiona a la hora de vivir en coherencia radical con el Evangelio.
Una Semana Santa más, una Pascua más ( va a ser la tercera) en tierras hondureñas, y me siento dichoso y agradecido al Señor, muy agradecido. Él siempre me da tanto, me consiente tanto, que siempre tengo la sensación de que lo yo hago es poco, cuando no nada.
Sigo experimentando la limitación y pobreza de mi trabajo y me debato constantemente en guardar el peligroso equilibrio de cuidarme lo suficiente para poder dar más. ¿Me estaré preocupando hedonistamente de mi bienestar?, ¿estaré dando todo lo que puedo?, ¿de verdad cuando me siento cansado, realmente no puedo más, o es que no tengo ganas de hacer un esfuerzo mayor?
Aún así y con todo me siento mucho mejor que el año pasado, más tranquilo, con las cosas más dominadas, con más conocimiento de las cosas, las situaciones y las personas, y esto me da seguridad y serenidad. Y esto siento que también es gratis, que también es regalo del Señor que me anima para seguir adelante, sin descansar, o mejor, sin dejarme cansar, para continuar en la brecha, abriendo el surco en el que Dios me puso con el arado entre las manos.
Aprovecho esta misiva para desear a todos una santa semana centrada en Dios, en el misterio de darse, de entregarlo todo hasta la muerte. Y una feliz Pascua de Resurrección. Gratis, todo gratis.