Flipante Dios

Febrero 28, 2006

Descubra Honduras

Guardado en: Honduras — Lovi @ 11:47 pm

Descubra Honduras.
Doña Claudia Rodríguez, en su afán por mostrar las maravillas de Honduras -parece contratada como guía para el programa turístico VIVE HONDURAS que adorna con gallardetes toda Tegucigalpa-, se esmeró en animarme para acompañarla a visitar La Nora.
Así escrito y leído, o escuchado, parece el nombre de un parque nacional o similar ¿verdad?
Nada más lejos de la realidad. La Nora es un asentamiento junto al río Choluteca (justamente debajo del edificio del Tribunal Superior de Justicia, algunas de cuyas ventanas, desde las que este asentamiento se podría observar, están curiosamente selladas), de aguas nada cristalinas, más bien todo lo contrario, donde mal viven unas cuantas familias con tropecientos niños.
Hace un tiempo, no sé cuanto, alguien se acercó por allí y comenzó a reunir a los niños para formar una especie de escuelita con ellos; hubo suerte y dejaron una casita, construida con ladrillo y cemento (las aledañas son de tablas, cartón y chapa y dos de adobe sin cocer), para este fin; se consiguieron una donación de leche y algunos útiles, y con eso y algo más se echó a andar.
Al cabo de un tiempo el dueño de la casa retiró el préstamo, con lo que los niños que habían encontrado un lugar donde comenzar a ser atendidos dos días a la semana, aprendiendo a leer y escribir a la par que tomar un vaso de leche, se quedaron a la luna de Tegucigalpa. Creo que no hay que explicar, una vez más, que aquí los niños no pueden ir a la escuela pública si no tienen el uniforme, los zapatos y el material necesario; éstos, evidentemente, no lo tienen. Sin embargo la sabiduría divina no tiene límites: una vecina decidió acoger a los niños en su casa, y así en su patio, por llamarle de alguna manera, junto a dos de las madres de las criaturas, bajo un toldo hecho con unos listones y dos telas, reúne a los cipotes y los atiende dos días en semana.
Doña Claudia, ha continuado siempre interesada en el problema de La Nora, por lo que yo la llamo “la coordinadora” de la escuelita. Visto el interés de esta vecina y el apoyo de las madres, se estudió la posibilidad de atender de una manera más efectiva el proceso iniciado, contemplando la posibilidad de comprar la casita que se nos dejó durante un tiempo, para poder instalar de un modo definitivo la escuela. Después de visitar el lugar y ver a los muchachos aprender a escribir en aquellas condiciones dudé si involucrarme en el asunto y cómo. El caso es que la necesidad estaba delante de nuestros ojos y comprar la casa era cuestión de novecientos euros que yo tenía a mi disposición.
Una de las compañeras de España que comparten largas temporadas con nosotros, Elena, había solicitado ayuda a varios amigos, y estaba cerca de conseguirlo; pero yo ya lo tenía y no había por qué esperar más. Finalmente decidí entregar mil quinientos dólares del dinero que había traído de España y que vosotros me habíais entregado. Ya se ha comprado la casa y se está acondicionando, se ha comprado también algo del material escolar (útiles) que no había en el contenedor donde se guarda todo lo que se envía desde España y Canadá, y así se ha comenzado a andar.
Ya sabéis que en La Nora, junto al río Choluteca, en Tegucigalpa, una parte de los donativos que me entregasteis comienza a generar futuro.

a,e,i,o,u.

Guardado en: General — Lovi @ 11:45 pm

a, e, i, o, u.
 

         Aaaaa, eeeee, iiiii, ooooo, uuuuu. Las voces de los niños de una de las aulas de la Santa Teresa de Jesús, en la Nueva Capital, resuenan con estruendo en medio del patio de tierra de la escuela,  adornado con plantas, entre las que destacan como llamaradas las flores rojas de ibiscus.
 

-         ¡Buenos dias!
-         ¡Buenos díiiaaas!
-         ¿Están bién?
-         ¡Muuuy biiieeén, graaaciiaas a Diiooos!
 

Algo se me atraviesa en la garganta y a mis ojos aflora el brillo de las lágrimas, no puedo contener la emoción, y no sé por qué es, una sensación de sorpresa, mezclada con un mucho de admiración y otro tanto de agradecimiento. Hoy hemos vuelto a subir a la Santa Teresa Patricio, Lilian, Luis Vázquez, un amigo de La Coruña, Patricia, la directora de Sta. Clara, y yo, con unos cuantos cipotes (muchachos, chavales) en la paila. Venimos desde la Santa Clara dónde también hoy hemos contemplado el comienzo del día de escuela con los cantos, las oraciones y el desfile desde el patio central a las aulas de los alumnos acompañados por sus maestros y maestras. Realmente sorprende el espectáculo, no por el hecho en sí, ya saben que yo soy cualquier cosa menos amigo de lo marcial o todo lo que huela a uniformidad, pero es por el lugar donde esto ocurre, por el entorno que rodea estos que  denominé “milagros” hace unos días.
A nuestra llegada se amontonan un grupo de niños y niñas de la colonia, de los que no han tenido acceso a matrícula y nos acompañan a todas partes, cohorte de bienvenida al padre Patricio que saca del carro unas bolsas de confites para repartir entre todos ellos. Los sentimientos, las emociones, los pensamientos se amontonan y son muy difíciles de digerir, de asumir, de asimilar, de colocar en los estantes de la mente y el corazón, porque todo es pura voluptuosidad, todo exageración de lo mínimo, de lo sencillo, de lo aparentemente inútil o desechable, de lo que trataríamos de ocultar, manifestándose en un alarde de libertad y dignidad cautivador.
Y sólo me da para pensar: quiero vivir aquí, quiero estar aquí, porque nunca nadie les había creído merecedores de nada, porque han sido el excremento del mundo, lo que sobra, lo que estorba, lo que no vale para nada más que para ocultarlo o avergonzarse. Y aquí, ahora, se les da la oportunidad de ser, sencillamente.
Llega a mi corazón con fuerza el potente resonar del testamento de mi padre, las letras que me escribió con rotulador sobre una vasija del alfar Luis del Castillo el día de mi rito de admisión a las sagradas órdenes, a la salida de la catedral de Cuenca: QUE EL SANTO CURA DE ARS TE AYUDE A SER HOMBRE, NADA MÁS Y NADA MENOS.
Aquí estoy, para ser hombre.

 

 

Febrero 24, 2006

Verifique su Porte

Guardado en: General — Lovi @ 1:48 pm

Hoy, seis de febrero, ha comenzado el curso escolar en la Santa Clara y la Santa Teresa. Mientras en el país todavía parece discutirse si el anuncio del nuevo presidente de la nación, Mel Zelaya, de matrícula gratuita en toda la primaria (novedosa decisión cuando en la Constitución dice que la educación primaria ha de ser gratuita y obligatoria), la escuela Santa Clara a las siete de la mañana tenía a sus alumnos formados en el patio, con sus maestros y maestras al frente, y la directora Patricia recordando a los padres y madres de los alumnos que este es un proyecto educativo comunitario en el que todos nos debemos implicar. Lo mismo o similar sucedería a la misma hora en la Santa Teresa, pero de eso yo no he sido testigo.

Pero esto era sólo el comienzo del día, la jornada nos deparaba más sorpresas. Habíamos quedado con Ricardo para ir al Ministerio de Educción a recoger unos libros que, por indicación del mismo Ricardo, había solicitado P. Patricio al ministro entrante; allí estábamos algo más tarde de lo previsto, pero no más tarde que quienes nos esperaban, pues había que ir a las bodegas de los militares a por los libros. Así, siguiendo al carro del ministerio en el nuestro, anduvimos por caminos que yo nunca había transitado, la cuesta de Chile, Cerro Grande, para agarrar la carretera de San Pedro Sula y llegar hasta Támara, más allá de Ciudad España, en total una hora de camino. No deben ser demasiados kilómetros, pero para quien no conozca Honduras hay que aclarar que las carreteras aquí son distintas y el modo de conducir también, como casi todo es distinto. Al llegar a la zona vallada por los militares y después de pasar el primer control, sorprende la limpieza del paisaje, lo cuidado del campo y la belleza de lo que nos rodea sin el pintoresquismo de las casitas salpicadas aquí o allá, pura naturaleza vallada. Comienzan a aparecer los mensajes y las arengas militares por doquier, y después del segundo control aparecen los primeros edificios diseminados en amplios espacios salpicados de vegetación y adornados con escudos y consignas y estatuas policromadas de soldados, panteras y generales, consignas de las distintas brigadas “tesón”, “error cero” y la bandera de Honduras.

Las representantes de la Secretaría de Educación que nos acompañan preguntan por el comandante, que al parecer no está; al cabo de un rato aparece otro militar que de un modo un tanto agrio pregunta en la oficina con voz marcial: ¿Quién me busca?, no es el comandante sino el mayor, que nos hace pasar a un despacho y nos ofrece asiento. Casualmente hemos dado con la persona indicada. Durante la espera me han explicado que el gobierno anterior encomendó a los militares la distribución de los libros de texto a las escuelas de todo el país porque eran los que disponían de un mejor dispositivo logístico y estratégico para el reparto.

Parece que la cosa empieza a clarear, ahora nos indican la nave a donde nos tenemos que dirigir y después de atravesar una gran explanada que parece un helipuerto, llegamos a la puerta indicada donde leemos “comedor de tropa”, pero somos los únicos que estamos allí y sólo apreciamos el movimiento de un soldado a pie, arriba y abajo, con papeles en la mano, que suponemos son los que entregamos al mayor, que finalmente llega en otro carro acompañado de dos soldados más. Buscan llaves, atravesamos el comedor y las cocinas y llegamos a una puerta…, que no logran abrir; hemos de dar la vuelta al edificio con los carros para colocarlos junto a la salida de la bodega (la despensa o almacén) de las cocinas. Cuando al fin, después de otra prolongada espera, abren la puerta y entramos, el espectáculo es sorprendente: miles de cajas con distintos códigos numéricos apiladas en ordenados bloques hasta el techo.

Por mucho que sea consciente de que estoy en Honduras, y Honduras no es España, no deja de sorprenderme que sea el ejercito quien custodie los libros de texto de las escuelas de un país; sin embargo parece, según continuamos analizando la situación, que es el único modo de que los libros lleguen a sus destinatarios, los alumnos de las escuelas públicas, y no queden en el camino, tal y como, cuentan, ha sucedido en las ocasiones en que se han confiado a los organismos departamentales; aquí el amiguismo, el soborno y la compra y venta de todo está a la orden del día, no en todos los casos ni todas las personas o instituciones, pero sabemos que en estas situaciones, un solo caso de corrupción es demasiado; aquí parece que todo es demasiado.

Con todo esto que cuento no pretendo, ni mucho menos, ultrajar a un país, su gobierno o sus dirigentes e instituciones, ni demonizar su situación, tan sólo me hago consciente de lo que percibo y esto es lo que cuento; como dicen en el sur “lo que e’, e’”.

Cuando por fin contabilizamos los libros, los separamos y los cargamos en las dos pailas que hemos traído, descubrimos que no caben todos y hemos de volver al día siguiente con un vehículo donde quepa el resto.

Y si hasta el momento habíamos esperado poco, alrededor de una hora, para conseguir que abriesen la bodega y poder colocar los libros en los carros, ahora nos tocaba esperar casi dos más para que el mayor nos hiciese el recibo que justificase la entrega de los libros.

En esta prolongada espera (que más que consecuencia de una densa burocracia refleja cierta ineptitud) en que ejercitamos la santa virtud de la paciencia, pudimos comentar numerosos detalles que nos regalaba la vista en todo lo que nos rodeaba. Tal vez el más llamativo, en el porche de las oficinas, un espejo de algo más de metro sesenta de alto con un cartel impreso en computadora y pegado sobre el vidrio con la leyenda: “Verifique su porte”.

Febrero 13, 2006

La historia que me mandó Heydy…

Guardado en: General — Lovi @ 7:52 pm

Esta historia me la mandó Heydy, una amiga de Tegucigalpa, hace dos o tres días.
Espero que os guste. A mi me sabe muy bien, me llega.

> Pasaba del medio día, el olor de pan caliente
> invadía aquella calle,un  sol
> escaldante invitaba a todos a un refresco…
> Ricardito no aguantó el olor rico del pan y dijo:
>
> Papá…tengo hambre!!
>
> El padre; Agenor, sin tener un centavo en el
> bolsillo, caminando desde  muy
> temprano buscando un trabajo, mira con los ojos
> mareados al hijo y le pide
> un poco más de paciencia…
>
> Pero papá, ¡desde ayer no comemos nada, tengo mucha
> hambre, papá!
>
> Avergonzado, triste y humillado en su corazón de
> padre, Agenor le pide al
> hijo esperar en la vereda mientras entra en la
> panadería que estaba en
> frente…Al entrar se dirige a un hombre en el
> balcón:
>
> Señor, estoy con mi hijo de tan sólo 6 años en la
> puerta, con mucha hambre,
> no tengo ninguna moneda, pues salí temprano para
> buscar un  empleo y nada
> encontré, le pido que en el nombre de Jesús me dé un
> pan  para que yo pueda
> matar el hambre de ese niño, en cambio puedo barrer el piso de su
> establecimiento, lavar los platos y vasos, u otro servicio que usted
> necesite.
>
> A Amaro; el dueño de la panadería le extraña que
> aquel hombre de semblante
> calmo y sufrido, pida comida a cambio de trabajo y
> pide que llame al
> hijo…Agenor toma al hijo de la mano y lo presenta
> a Amaro, que
> inmediatamente pide que los dos se sienten junto al
> mostrador, donde manda
> servir dos platos de comida del famoso  PLATO DEL
> DIA  -  ARROZ, FRIJOLES,
> CARNE MOLIDA Y HUEVO.  Para Ricardito era un sueño,
> comer después de tantas
> horas en la calle…
>
> Para Agenor, un dolor más, ya que comer aquella
> comida maravillosa lo hacía
> recordar a la esposa y a dos hijos más que quedaron
> en casa  solamente con
> un puñado de arroz…
>
> Gruesas lágrimas bajaban de sus ojos ya en el primer
> bocado. !
>
> La satisfacción de ver a su hijo devorando aquel plato simple como si fuera
> un manjar de los dioses, y el recuerdo de su pequeña
> familia en  casa, fue demasiado para su corazón tan cansado de
> más de 2 años de desempleo, humillaciones y necesidades…
>
> Amaro se aproxima de Agenor y percibiendo su
> emoción, bromea para relajar:
> ¡Oh, María! Tu comida debe estar muy fea… Mira a
> mi amigo, ¡hasta está llorando de tristeza de ese  PLATO.
> Inmediatamente, Agenor sonríe y dice que nunca comió
> comida tan apetitosa, y que agradecía a Dios por tener ese placer…
> Amaro pide entonces que el tranquilice su corazón,
> que almorzase en paz y después conversarían acerca de trabajo…
>
> Más confiadamente, Agenor seca las lágrimas y
> empieza a almorzar, ya que su hambre ya estaba en las espaldas…
>
> Después del almuerzo, Amaro invita Agenor para
> conversar en los fondos de la
> panadería, donde había un pequeño escritorio…
>
> Agenor cuenta entonces que hace más de 2 años había
> perdido el empleo y desde entonces, sin una especialidad profesional,
> sin estudios, estaba viviendo de pequeñas “chambas aquí y allí”,
> pero que hace 2 meses no
> recibía nada… Amaro resuelve entonces contratar
> Agenor para servicios
> generales en la panadería, y  le prepara al hombre
> una canasta básica con
> alimentos para por lo menos 15 días…
>
> Agenor con lágrimas en los ojos agradece la
> confianza de aquel hombre y
> marca para el día siguiente su inicio en el
> trabajo…
>
> Al llegar en casa con toda aquella “cantidad”,
> Agenor es un nuevo hombre.
> Sentía esperanzas, sentía que su vida tomaría nuevo
> impulso… Dios le
> estaba abriendo más que una puerta, era toda una
> esperanza de días
> mejores…
>
> Al día siguiente, a las 5 de la mañana, Agenor
> estaba en la puerta de la
> panadería ansioso para iniciar su nuevo trabajo…
> Amaro llega luego y sonríe para aquel hombre que ni
> él sabía porque estaba
> ayudando… Tenían la misma edad, 32 años, e
> historias diferentes, pero algo
> dentro de él lo llamaba para ayudar a aquella
> persona… Y, no se equivocó.
>
> Durante un año, Agenor fue el más dedicado
> trabajador de aquel
> establecimiento, siempre honesto y extremadamente
> celoso con sus deberes…
>
> Cierto día, Amaro llama Agenor para una charla y
> habla de la escuela que
> abrió lugares para la alfabetización de adultos a
> una cuadra arriba de la
> panadería, y que él tenía interés que Agenor
> estudiara.
>
> Agenor nunca se olvidó de su primer día de clase: la
> mano trémula en las
> primeras letras y la emoción de la primera carta…
>
> Doce años se pasan desde aquel primer día de
> clases… Vamos a encontrar al
> Dr. Agenor Baptista de Medeiros, abogado, abriendo
> su oficina a su cliente,
> y después a otro, y después a otro más…
>
> Al medio día el baja para un café en la panadería
> del amigo Amaro, que queda
> impresionado en ver al “antiguo empleado” tan
> elegante en su primer traje…
>
> Diez años se pasan, y ahora el Dr. Agenor Baptista,
> ya con una clientela que
> mezcla los más necesitados que no pueden pagar, y
> los más adinerados que
> pagan muy bien; decide crear una institución que
> ofrece a los desvalidos de
> la suerte, que andan por las calles, personas
> desempleadas y carenciados de
> todo tipo, un plato de comida diariamente a la hora
> del almuerzo…
>
> Más de 200 comidas se sirven diariamente en aquel
> lugar administrado por su
> hijo, el ahora nutricionista Ricardo Baptista…
>
> Todo cambió, todo pasó, pero la amistad de aquellos
> dos hombres, Amaro  y
> Agenor impresionaba a todos los que conocían un poco
> de la historia de cada
> uno…
>
> Cuentan que a los 82 años los dos fallecieron el
> mismo día, casi que en la
> misma hora, muriendo Plácidamente con una sonrisa
> del deber cumplido…
>
> Ricardito, el hijo, mandó gravar delante de la “Casa
> del Camino”, que su
> padre fundó con tanto cariño:
> “Un día yo tuve hambre, y me alimentaste.
> Un día yo estaba sin esperanzas y me diste un
> camino.
> Un día me desperté solo, y me diste a Dios, y eso no
> tiene precio.
> Que Dios habite en tu corazón y alimente tu alma.
> Y que te sobre el pan de la misericordia para
> extender a quien necesita!”
>________________________________
>Historia  verídica)
>
>Si les parece que vale la pena, reenvíen esta
>historia, pues nunca es tarde
>para empezar y siempre es temprano para parar.
>Debemos agradecer a Dios por todo lo que nos da y
>compartirlo con  quienes no tienen y nunca olvidar de donde venimos.

Febrero 6, 2006

Los milagros existen

Guardado en: General — Lovi @ 7:32 pm

A la semana escasa de mi llegada a Honduras, el pasado martes, por la mañana, visitamos la escuela Santa Teresa de Jesús, en la colonia Nueva Capital, arriba del todo de Tegucigalpa, donde se trasladó parte de la población que vio destruidas sus casas al paso del huracán Mitch.

Conocí la Santa Teresa en mi viaje de 2004, entonces la escuela funcionaba en dos grandes pabellones que contenían las aulas, la cocina y las salas de profesores, dirección y recursos, con un espacio central que servía de patio de juegos, donde se intentaba plantar un pequeño jardín. En aquellos días se proyectaba la ampliación de la escuela con algunos arquitectos voluntarios españoles, y se construía un muro que cerrase el recinto.

Hoy, además de lo anteriormente citado, se ha construido y ha estado ya funcionando el pasado curso, el edificio de la guardería, el bloque de los aseos con duchas incluidas, y otro gran edificio que ya se ha utilizado como comedor, con la nueva cocina, bodegas, sala multiusos; a esto se añade la terminación de las salas que albergarán clínica y salas varias para talleres y aulas de capacitación específica (computación, etc.). Sobre esto en una segunda planta nuevas salas de dirección, profesores, biblioteca, archivo; y a esto se añadirá una vivienda más para alumnos del proyecto Populorum Progresio.

Parece mentira que allí se pueda construir tamaño colegio, que da posibilidad de estudiar a más de mil niños, en dos turnos de mañana y tarde; ahora se estudia la viabilidad de un nocturno para adultos.

En sólo dieciocho meses la transformación ha sido tremenda, pero lo importante no son las construcciones, sino las posibilidades que supone para la educación de una población que prácticamente carecía de ella.

Los milagros existen, se puede transformar el mundo si nos empleamos en educar a las personas para su cambio. Nuestro mundo, nuestra sociedad occidental librecapitalista, bienpensante, absolutamente liberal en lo que a comercio de los países superdesarrollados se refiere y opresora del de los subdesarrollados, inquisidora de los modelos de producción que sólo le benefician a ella, éste no es el mejor de los mundos posibles, ni mucho menos.

Sé que es demasiado pronto para hacer diagnósticos, pero un país gobernado por asesores estadounidenses que mantienen y promueven políticos títere corruptos fácilmente manejables para sus intereses políticos y económicos (que son los mismos), que impide el desarrollo educativo de una nación para poder continuar dominándolo a su antojo, no puede ni debe ser el mejor de los mundos posibles.

El milagro es que un padre español sea capaz de facilitar educación privada y gratuita a más de dos mil quinientos niños y alimentar a cerca de ochocientos en sólo dos escuelas, Santa Teresa de Jesús y Santa Clara de Asís, mientras el gobierno es incapaz de llegar a una escolarización primaria universal. El milagro es trabajar responsabilizando de todos los proyectos a jóvenes hondureños, muchos de ellos un día becados para sus estudios, en un país donde todo se hace a cambio de pisto (dinero), y donde ser voluntario de una organización, sea la Iglesia Católica o cualquier otra, es inconcebible y  merecedor de sospecha [¿Qué es un sospechoso? Un oso que sospecha.].

El milagro es Santa Mónica, centro de prevención de jóvenes y niños de alto riesgo a vivir en la calle; el milagro es casa San José proyecto de ayuda e integración a jóvenes y niños que ya viven en la calle esnifando resistol (pegamento), mendicando, sin hogar, ni familia; el milagro son las guarderías y comedores infantiles y de ancianos, las becas de los niños en material escolar, útiles y ropa; el milagro es repartir la ayuda que llega en los contenedores en varias comunidades del país; el milagro son las casas Populorum Progressio, donde jóvenes de distintas comunidades de Honduras, de bajos recursos y que se vieron obligados a abandonar sus estudios, conviven y a los que se les facilitan los instrumentos para cualificarse hasta el nivel académico superior.

Los milagros existen y yo vivo rodeado de ellos permanentemente.

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