Archive for Abril, 2006

Una Pascua diferente

                                                             Tegucigalpa, 7 de abril de 2006
 

 

Hoy es viernes de Dolores y me enfrento a una Semana Santa bien distinta a todas las que he vivido hasta ahora.
 

Aquí en Honduras es verano, final de la época seca y los días de más calor, y  se aprovecha para salir de la capital hacia sus lugares de origen, o de vacaciones, quien se las pueda pagar, claro está.
 

Mis muchachos de la Populorum también se van toda la semana y en la parroquia, al quedar menos gente se agrupan los sectores para las celebraciones litúrgicas.
 

Echo mucho de menos el ajetreo de estos días en las parroquias en que he trabajado estos años, los preparativos, las reuniones, las celebraciones, el compartir, el celebrar, el festejar, las tradiciones, y todo lo que veníamos viviendo estos años atrás; recibir la ayuda y la compañía de los amigos, preparar para ellos la casa y adecuarla para dormir, disponer comida para todos los días que compartíamos las celebraciones de Pascua.
 

                                                        Jueves Santo, 13 de abril de 2006.
 

Estos días previos han sido, como imaginaba, bien distintos. Ha habido actividad en casa y en la parroquia, pero no el ajetreo de todos estos años.
 

El domingo celebré en Nueva Capital por la mañana, salimos unas calles más arriba de la iglesita de tablas y después de bendecir los ramos de palma y flor de coyol bajamos todos cantando por los caminos de tierra, la gente con sombrillas para evitar la fuerza del sol de mediodía, montón de niños, y el templo abarrotado. Me sentía, como siempre me siento, indigno de hablar a este pueblo pobre que sufre las consecuencias de la injusta distribución de la riqueza de su país, y muchos todavía las consecuencias del huracán Mitch; ellos son el pueblo pobre que padece, que vive cada día la Pasión de Jesús, ellos son el Cristo sufriente que clama desde su dolor, su soledad y su incomprensión, victimas de la arrogancia y la injusticia de unos pocos que día a día los condenan a permanecer en la miseria.
 

Por la tarde fue en uno de los sectores de la parroquia, la Popular, con quienes voy a celebrar también todo el Triduo Pascual; aquí todo mucho más preparado y dispuesto, con toda suerte de monitores, lectores, ministros de la Eucaristía, etc, y rodeado de muchos amigos y gente querida, ya que gran parte de los jóvenes que colaboran en el CCJ (centro de capacitación juvenil) que hay en casa, en la Monterrey, son de este sector. Aquí me siento como en casa.
 

El lunes dirigí el retiro para los jóvenes del CCJ, como preparación para estos días; fue intenso, para algunos incluso excesivo, para mi edificante y lleno de contenido, muy fructífero. Martes y miércoles han sido los días más tranquilos, aún así ha habido celebraciones, catequesis y visita a enfermos para confesarlos y llevarles la comunión.
 

Hoy jueves en la mañana hemos celebrado en la basílica de Suyapa la Misa Crismal, con la renovación de nuestro compromiso sacerdotal. La mayoría de los sacerdotes de la diócesis con el Cardenal, el obispo auxiliar y el que próximamente lo será (está ya nombrado por el Papa y será consagrado en junio), y la presencia del Nuncio, entrábamos en procesión desde los pies del templo hacia el altar por el pasillo central, a ambos lados la asamblea se agolpaba aplaudiendo y saludando a sus sacerdotes, con pancartas con los nombres de estos y las parroquias a las que sirven, una bienvenida calurosa, llena de emoción y agradecimiento de toda la gente hacia los sacerdotes, la gente nos felicita porque es nuestro día y se palpa la alegría y el cariño sincero; comentándolo después, alguien decía que es una muestra más de lo sumisos que son los hondureños, sin embargo yo lo experimenté más como un signo del respeto a nuestra labor, quizá por que es eso lo que quiero o necesito sentir.
A primera hora de la mañana ya nos había telefoneado una vecina de nuestra colonia para felicitarnos a Patricio, a Ramón y a mi; un poco más tarde lo hicieron las Misioneras de la Caridad, de la Madre Teresa de Calcuta, cada persona que saluda lo primero que dice es “Felicidades, padre, hoy es su día”; a mi me parece realmente enternecedor y estremecedor, hay tanto que dar cuando se recibe tanto…
Antes de comenzar la celebración todos pasamos por la cripta del templo donde están enterrados los sacerdotes difuntos de la diócesis y oramos por todos los que nos antecedieron, yo recordaba a D. José Guerra Campos, mi obispo de Cuenca, Paco Macías, sacerdote natural de Carmona, Sevilla, compañero de los cursos del IEME que murió en accidente de tráfico a los seis días de llegar a Zambia, Casiano Floristán y  Julio López Sáinz de Rozas, profesores del Instituto Superior de Pastoral en Madrid, Vicente Tradacete, Ángel Sevilla, Juan José, Virgilio, compañeros de la diócesis de Cuenca, y tantos que nos esperan en la casa del Padre.
En un momento de la celebración, después de la renovación de las promesas sacerdotales, el cardenal nos fue saludando, uno a uno, a todos los concelebrantes, al abrazo del cardenal la asamblea respondía con ovaciones, silbidos y aclamaciones.
En la tarde,  después del almuerzo fraternal, las celebraciones en los sectores de la parroquia con un sentido lavatorio de pies, aquí no había discípulas como en Buendía o Almendros, sólo varones ante los que me arrodillé dejando a los acólitos un poco sorprendidos por prescindir de sus servicios en este gesto: Jesús lo hizo solo.
 

                                                                     Sábado Santo, 15 de abril.
 

El viernes fue tranquilo, gran via crucis en la mañana con una larga procesión en la que a cada estación, en el lugar convenido, los jóvenes de cada uno de los sectores de la parroquia escenificaban el correspondiente cuadro viviente, lectura de la Palabra, reflexión, cantos, en fin desde las nueve a las trece horas de la mañana; en la tarde celebración de la cruz y después excursión al centro para ver la procesión del santo entierro, en la que era imposible no recordar, entre otras, las procesiones en la semana santa de Cuenca.
 

Toda la mañana del sábado la pasé cocinando para el día siguiente, pues esperábamos a almorzar a todos los voluntarios españoles, colaboradores y amigos que quisieran venir a compartir con nosotros la alegría de la Pascua. Sobre las cuatro y media de la tarde nos subimos a la Nueva Capital para comenzar la Vigilia Pascual a eso de las séis, ya oscureciendo. Fue emocionante de nuevo celebrar en el barracón la Resurrección del Señor, el mismo pueblo doliente al que había acompañado el domingo de Ramos, celebraba en su pobreza la Vida y el triunfo del Amor sobre el mal y todos sus síntomas de muerte. De ahí, pasar a celebrar en el templo del Pedregal la única Vigilia pascual aglutinando a los catorce sectores, en un templo abarrotado de gente, con todo el ritual completo y retransmitida, a través de canal 48 la televisión católica, para todo el país, fue un poco de choque, pero también disfruté compartiendo y celebrando con toda la parroquia reunida.  Estos contrastes eclesiales también son dolorosos y difíciles de encajar, como dicen en España “en todas partes cuecen habas”.
 

Pero en todos estos días quizá lo más impresionante fueron los dos retiros previos a la Semana Santa con jóvenes de Populorum uno y otro, como les dije, con los del CCJ, en los que profundizamos en la contemplación de los textos del evangelio que se proclaman en las celebraciones litúrgicas desde el Jueves al Domingo, acompañando  nuestra reflexión con la audición de cantos de Brotes de Olivo; lo más intenso  fue que en el identicarse con Jesús, fuesen capaces de decir que ellos mismos muchas veces se sentían identificados con ese Jesús sufriente, abandonado, sólo, indefenso; sin embargo confirmaban que a su alrededor había otras personas que todavía eran más crudamente esa imagen de Jesús. Yo recordaba las palabras de monseñor Romero a su pueblo de El Salvador (nuestros vecinos): “Ustedes son el Cristo crucificado”, y recordaba también cuántas veces Andrea, después de sus diez años de trabajo en Bolivia, recordaba al Jesucristo vivo en el pueblo que muere y quiere resucitar.
 

Hay mucho que liberar, hay que romper cadenas y sepulcros, hay que levantar las losas de piedra que impiden que este y tantos otros pueblos puedan caminar y vivir en libertad, hay mucho cristo sufriente que desenclavar y resucitar.  Cuánto queda por hacer.

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MARÍA

MARÍA.

Sus manos menudas y anchas se deslizaban con gracia sobre el pedazo de arcilla gris, sus pies comenzaban a hacer girar la base del torno y poco a poco iba modelando la pieza barro, el cacharro surgía de entre sus manos mientras sus pies iban adquiriendo velocidad sobre la rueda inferior.

-“Usted vino por primera vez el ocho de septiembre de mil novecientos noventa y cuatro; aquel día empezó a cambiar la comunidad”.

Lo dijo sin inmutarse, como si lo que decía no tuviese importancia alguna, sin ninguna expresión en el rostro que denotase alegría o admiración, sin detener sus pies ni sus manos, ni modificar la velocidad del trabajo emprendido; sin embargo sus palabras estaban cargadas de reconocimiento. Se dirigía a Patricio, el padre Patricio.
Se me hizo un nudo en la garganta e inmediatamente asocié: ocho de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen (Tejeda en Garaballa, Riánsares en Tarancón, Del Valle en Torrubia del Campo, Inmaculada en Almendros, Desamparados en Buendía).

Habíamos llegado a Carrizalón, en Copán Ruinas, la tarde anterior para entregar las mochilas y los útiles de material escolar a los niños becados de esa comunidad, a visitar la construcción de la nueva guardería y a urgir a los responsables para que comenzase a funcionar el comedor escolar con el nuevo curso; por la noche cenamos en Copán con dos de los muchachos de la casa Populorum de Ostumán (también perteneciente al municipio de Copán Ruinas) y habíamos hablado de la trasformación que había tenido lugar en esa comunidad de la que es natural Benedicto, uno de los jóvenes.

Patricio cuenta que siempre que venía alguien de España a visitar Honduras les acompañaban a visitar las ruinas mayas de Copán. En una de esas ocasiones buscaron esta comunidad de Carrizalón, pues habían leído un libro sobre comunidades indígenas de Honduras en el que reseñaba que era la única comunidad donde todavía se hablaba Chortí. Los Chortís son una de las etnias indígenas que pueblan Honduras, descendientes de los Mayas y que se sienten más vinculados a sus hermanos mayas guatemaltecos que a sus paisanos hondureños. Cuando Patricio llegó por primera vez a Carrizalón, un ocho de septiembre, con unos amigos españoles, la comunidad había sufrido una epidemia de cólera hacía unos meses y habían muerto ocho miembros de la comunidad por lo que todos se sentían muy afectados; al despedirse dejaron a la comunidad una ayuda para los más pequeños, ya que dos días después, en Honduras, se celebra el Día del Niño.

Así comenzó la amistad con Carrizalón. Poco tiempo después se becaron los primeros niños, más tarde vino la construcción de la antigua guardería un poco más adelante la ayuda para la construcción de unas cuantas viviendas que suplieran las muy deterioradas chozas de bareque (construcciones de palos, que forman la estructura de las paredes y sobre los que se prensa barro manualmente, con techo vegetal) en que vivían hasta entonces. Ahí fue cuando el Fhis (Fondo hondureño de inversión social) empezó a tomarse interés y también apoyó en la construcción de viviendas. Vino más tarde la cooperación con las mujeres para la construcción del taller de alfarería chortí-maya, y entre tanto más becas, la llegada de tres muchachos a Tegucigalpa para participar en el proyecto Populorum, y últimamente la nueva guardería, pues la anterior se quedaba pequeña. Al cabo de un tiempo, desde la llegada de Patricio y aquella primera pequeña ayuda, los miembros de la comunidad empezaron a tomar parte en la actividad de la Conich (Coordinadora nacional de indígenas chortís) y ahora participan en su presidencia. Hoy todos los niños y niñas de Carrizalón están becados y donde sólo se estudiaba hasta tercero de primaria, se imparte ésta completa y Maestro en casa para ciclo común (educación secundaria).

A todo esto se debía referir María cuando dijo “comenzó a cambiar la comunidad” con la mirada quieta y callada, sin ningún aspaviento, grandilocuencia ni afección, con el más sincero agradecimiento.

>“Y tú te regocijas, oh Dios, y tu prolongas en sus pequeñas manos tus manos poderosas; y estáis de cuerpo entero los dos así creando, los dos así velando por las cosas”, que dice el himno de laudes.

Así quiero, Señor, trabajar contigo, dejándome obrar como el barro inerme en las manos de María, con su mirada absorta y su silencio meditativo, con esa paz con la que ella modela la arcilla gris en su torno, junto a la ventana del taller de cerámica chortí de las mujeres de Carrizalón.
Déjame, Alfarero, ser barro entre tus manos; déjame poner mi vida en tus manos, para que tú, a través de las mías, continúes prolongando tu amor a la humanidad.

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Ya era hora.

YA ERA HORA.
 

Magdalena es una joven de diecinueve años, despierta y pizpireta, espontánea y alegre, de una naturalidad y frescura cautivadoras. Hace cosa de dos meses o algo más llegó desde su comunidad, Agua Caliente - del municipio de Copán Ruinas, al oeste de Honduras, en la misma frontera con Guatemala-, acompañada por Susana (colaboradora española, de Vitoria, que lleva ya tres años por acá, ocupándose entre otras muchas cosas del proyecto Maestro en casa), porque tiene un problema de vista y necesitaba ir al Hospital del Ojo, aquí en Tegucigalpa, a una revisión. Susana la dejó alojada en la casa de jóvenes estudiantes que residen en la Escuela Santa Clara hasta conseguir la cita oportuna en el centro médico. Magdalena salía en esta ocasión por primera vez de su comunidad, no había conocido a otra gente que los que se acercasen a su aldea; supongo que por eso el impacto de la Santa Clara debió ser en ella mayúsculo: los niños, la algarabía, el ir y venir, los juegos, las lecciones a coro, la gimnasia en el patio, los maestros y maestras, los cantos, y sus compañeros de casa, el estudiar, comer, asear, orar todos juntos la sedujo y comentó a Susana que ella se quería quedar.
Magdalena sólo fue a la escuela hasta segundo de primaria, pues, debido a su problema ocular, la maestra le impidió continuar asistiendo a clase. Hacía más de doce años que no leía ni escribía, pero nada más llegar se puso con sus compañeros a practicar la escritura y en pocos días había copiado unos cuantos capítulos del evangelio de Mateo.
Magdalena es la quinta de nueve hermanos y de estar en su casa trabajando y ayudando a sus padres en las tareas cotidianas ha pasado a estudiar tercer y cuarto grado de primaria en la nocturna, en la misma escuela Santa Clara, y colaborar en la cercana guardería Nuestra Señora de Montserrat, además de todo lo que conlleva convivir con otros veintinueve compañeros, veintiún chicos y ocho chicas.
 Ellos, los de la Santa Clara, con los treinta y seis de La Peña, más los siete de El Álamo y los cuatro de la Monterrey, son los jóvenes que, en Tegucigalpa, participan del proyecto Populorum Progressio; a los que hay que sumar veinte de la casa San Francisco de Asís, de Texiguat, y los siete, de momento, de Ostumán. Ciento cuatro jóvenes a los que preferentemente dedico mis fuerzas, mi energía y mi cariño, acompañándolos en su proceso educativo.
 Si habéis entrado en la página de Acoes, además de leer las últimas noticias, habréis visto que hay numerosos proyectos en los que trabajamos: becas, escuelas, guarderías, comedores, niños y jóvenes de la calle, prevención, etc., todos enfocados a una tarea educativa.
Uno de éstos es Populorum Progressio.
Está destinado a jóvenes de escasos recursos que viven en aldeas y comunidades indígenas, alejadas de los centros de estudio y que han perdido ya varios cursos por no poder acceder a la educación pública; se les facilita vivienda, manutención, material escolar y todo lo necesario a fin de que recuperen los niveles de estudios perdidos y lleguen a culminar grados superiores, debiendo pasar de curso con una media de setenta sobre cien para poder continuar participando el año siguiente;  además colaboran en el resto de proyectos de ayuda de modo que vayan construyendo su educación sobre cimientos de solidaridad, compromiso y servicio a los más necesitados.
Los participantes en este proyecto han sido elegidos o apoyados por su comunidad de origen, recomendados por los líderes o delegados de la Palabra, y se constituyen en responsables de las ayudas y programas de desarrollo que podamos ofrecerles. Por eso acompaño a su seguimiento el visitar sus aldeas conociendo de primera mano la realidad de que provienen y los proyectos que ya se han puesto en marcha gracias a su intervención y colaboración, contemplando también la posibilidad de iniciar otros nuevos.
¼br /> Intentamos formar casas o comunidades con un estilo de vida basado en el  evangelio, donde se respeten, colaboren y participen tanto en las tareas de la casa y la organización, como en el estudio, el trabajo y la oración.
 

Después de todo lo que os he ido comentando, semana a semana, desde hace casi tres meses que llegué a Honduras, ya era hora de que os contase  más detalladamente a qué me dedico y en qué me voy a emplear, además, por supuesto, de colaborar en la Parroquia San José Obrero en todo lo necesario.
  ¡Ah! Magdalena tiene como aficiones cocinar, costurar y bordar, y desea capacitarse en corte y confección para poder transmitir a sus compañeros lo que ella ha aprendido.

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