Archive for Junio, 2006

Querido flipante Dios

Querido Dios, querido flipante Dios:
Hoy hace cinco meses que llegué a Honduras, y me sigo preguntando por qué tanto amor, por qué me regalas con tanto ardor, por qué me cuidas con tan exquisitas caricias, gestos, guiños, por qué tanta complicidad.
Continúo dudando de mi mismo cada día, pero al mismo tiempo siento como Tú has puesto toda tu confianza en mi; me taladra la cabeza pensar si estoy haciendo lo adecuado, si mi manera de vivir es lo más adecuado al Evangelio, si me lo estoy realmente tomando en serio y si lo vivo con toda la radicalidad que puedo. Cuando me siento cansado o enojado o digo que ya no puedo más me avergüenzo, porque sé cómo vivo yo y cómo viven las personas que hay a mi alrededor, en mi misma colonia, mi vecina, las casitas del otro lado de la calle; sé que comodidades tengo yo y sé también de todo lo que ellos carecen, y se me cae el alma a los pies.
Me siento indigno, como siempre, de estar aquí y de tener la oportunidad de compartir mi vida con tus hijos predilectos, con tus herederos, pienso y sueño que tal vez un día tu me hagas capaz de vivir de tal modo que yo pueda merecer la herencia que a todos nos quieres regalar y de la que ellos ya tienen escrituras.
Celebramos el día del Corpus, el día de la Caridad, y yo me siento nada para hablar de amor, porque muchas veces entiendo que no amo sino a mi mismo, que me busco yo, que no me entrego lo suficiente, que sigo siendo mediocre y calculador, que mido lo que doy, que peso lo que dono, que cuento lo que ofrezco, que no me pillo los dedos, que no vivo en libertad, que continuo siendo esclavo de mis afectos y mis apegos, sobre todo emocionales.
Pero quiero celebrar con todos ustedes estar aquí, vivir aquí y querer continuar trabajando aquí, a pesar de mis muchas limitaciones e imperfecciones; que quiero permanecer aquí donde entiendo que Dios me ha colocado para darme la oportunidad de perfeccionar todo lo que necesito dejar transformar en mi por la fuerza de su Amor. Quiero celebrar con todos ustedes que si estamos aquí, donde quiera que nos encontremos, es porque Dios nos regala la dicha de ser hijos suyos y de desvivirnos por nuestros hermanos; y nuestros hermanos no son abstractos, son esos mismos en que usted y yo estamos ahora mismo pensando, sí, ellos precisamente, los más necesitados de todo, los que menos recursos e instrumentos tienen porque nunca nadie se los dio, o no les educaron para aprovecharlos adecuadamente.
Querido Dios, cada día me admiro más de la grandeza de tu amor y de todo lo hermoso que has creado (también me asombro de la maña que nosotros nos damos en destrozarlo sabiendo cómo cuidarlo) y de la oportunidad maravillosa que me regalas para colaborar contigo en la construcción de un mundo más fraterno, más justo, más humano, más divino.
Querido flipante Dios, gracias por Ser y Estar, gracias por tenerme aquí y haber puesto en mi vida tanta gente maravillosa, acá y allá, que me provoca la felicidad suprema de tropezar contigo en cada instante.
No quiero ni pensar lo puede ser encontrarse contigo cara a cara.

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Felicidades!!!

Felicidades Lovi!!!!

Estoy muy feliz de que hayas encontrado ese sitio en la vida que estaba por llegarte. Siempre has ido por ahí haciendo buenas voluntades pero por lo que veo esto es distinto a todo. Desde aquí, desde tu otra tierra te lanzo un fuerte abrazo y un agradecimiento por tantas horas de charla y tan buenos consejos dejados en esta-mi cabecita.

Un beso, amigo.

Víctor Domínguez (Olimpiada de la Paz-Tarancón)

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PAPAYA, ZAPOTE Y MANGO

 

Fue en casa de Ricardo, sí, el mismo con quien fuimos a Támara a recoger los libros de texto para los alumnos de la Santa Clara y la Santa Teresa, como os conté en “Verifique su porte”; allí en su casa.
 

Nos había invitado a cenar, no piensen que aquí sólo nos dedicamos a sufrir y padecer, también nos cuidamos un poquito, sobre todo porque tenemos amigos estupendos que nos cuidan.
 

Había preparado una cena deliciosa, ya saben que me gusta el buen yantar, los sabores, los olores, el cuidado en la preparación, la mesa, la casa abierta, los invitados, la amistad, el vino, compartir, charlar, comentar las cosas y situaciones de la vida, los entrantes: paté de aceitunas, guacamol, ensalada de pepino y yogurt, los acontecimientos presentes y pasados, las anécdotas, el plato fuerte: pechugas de pollo con salsa de mango, los chistes, las bromas, las indirectas, las frases agudas con doble sentido, la fina ironía, el postre: papaya, zapote y mango, la sobremesa, la intimidad, profundizar en los sentimientos, desvelarse, perder el pudor, quién lo tenga, más vino, recordar la infancia, las situaciones duras y difíciles de la vida, cómo se fueron superando, abrir el corazón, confiar.
 

Y sentir que vivimos lo mismo desde distintos lugares y situaciones, la Honduras y la España que nos duelen: la que ha perdido el norte alcanzando el desarrollo y situarse entre los grandes, superficial, vanal, y la que escribe su historia con una lágrima; pero el hombre, y la mujer, la persona, es siempre una y la misma, provenga de donde provenga; el afán de ser, de realizarse, de construir un proyecto sólido, de trabajar por los demás, de encontrarse en el otro, vivir en plenitud lo más que nos dejen, amar, dar la vida.
 

Alrededor de una mesa, todos somos iguales seamos de España o de Honduras, compartimos lo que nos pesa y nos duele, la injusticia, el hambre, la desigualdad, la brutalidad de quien tiene y no repara en el Lázaro siempre a la puerta, como el Señor, esperando que se le abra para entrar, nosotros quisiéramos abrir todas las puertas, eliminar las fronteras y las barreras; nosotros que tenemos una mesa vestida y la capacidad de preparar platos sabrosos, amigos preparados a quien invitar con quien tener una conversación elevada, nosotros que cerramos nuestra puerta con llave, nosotros que tememos que nos asalten  y ponemos pinchos en lo alto de los muros y candados y cadenas en los portones. Nosotros, ustedes, ellos.
 

Pero en eso estamos, en trabajar para eliminar obstáculos, en sentar a todos a la mesa, en invitar cada día a más personas a un plato de comida, a una beca, a un programa de estudios, en construir una casa para una familia, o entregar un colchón, simplemente, para el anciano que no lo tiene, o en llevar la energía eléctrica a una comunidad que carece de ella, o el agua potable, o una escuelita, o un comedor, o dar la oportunidad a un joven para dejar la calle y el resistol.
 

Así, junto a los amigos que nos cuidan y nos ayudan y con los que podemos compartir inquietudes, esperanzas, ilusiones, proyectos, incluso sueños, trabajando juntos lo podremos lograr.
 

Y llegará el día en que todos celebremos una sola Eucaristía, en una única mesa, compartiendo el pan y el vino.
 

Y preparando para los postres papaya, zapote y mango.

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