Flipante Dios

Marzo 19, 2008

¿Usted es Dios?

Guardado en: LoVi — Lovi @ 12:31 pm

Cuando uno sale de casa a la calle cada mañana realmente nunca sabemos lo que nos puede llegar a pasar, y cada día la vida nos desconcierta con sorpresas mayores de lo que nunca hubiéramos podido imaginar.

Teníamos una reunión en la  escuela Sta. Teresa los responsables de proyectos, convocada por Yessenia, responsable de los voluntarios extrangeros, para organizar el trabajo que se les puede asignar conforme a las necesidades que nosotros observamos, dependiendo también del perfil y las cualidades de quienes nos visitan. Salimos de la Monterrey más de cuarenta y cinco minutos después de lo previsto, con lo cual la tensión acumulada ya era importante; eso sin contar que al ser la reunión en el centro de la mañana, todo había quedado mediatizado por ella, con lo que después de regresar de la misa en la casa de las misioneras de la Caridad (de la Madre Teresa de Calcuta) estuve dando vueltas por la casa en espera de que partiéramos hacia las escuelas, ya que primero había que pasar por la Santa Clara a recoger a algunas de las directoras; al llegar parecía que la reunión iba a ser allí, dejamos los carros, esperamos en dirección…, pero faltaban las directoras de la Sta. Teresa, alguien que vaya a buscarlas, no, pero esperar por ellas nos retrasa más, cómo hacemos, mejor todos subimos a Sta. Teresa, de nuevo todos a los carros y arribita a la Nueva Capital, en esto la profe Paty dice que ella a las doce y media tiene que estar de regreso, pero ¿cómo, si son casi las once?, más estrés, más tensión acumulada; por si fuera poco me toca manejar el carro, y llevarlo hasta la Nueva Capital no es ningún placer: calles de tierra, baches, hoyos, piedras, polvo, los buses que se te vienen encima, más tensión todavía.

Por fin llegamos a la escuela, es un gozo ver a todos los niños, y cuando bajamos de los carros se acercan a abrazarnos, a saludarnos con muchísimo cariño. En esto aparecen por el portón las maestras de Infantil con todos sus alumnos, vienen de la Laguna del Pedregal,  que está más arriba de la escuela, de excursión. Saludo a la profe Lastenia y se acercan algunos de los muchachos que vienen con ellas. De repente dos o tres me rodean las piernas con los brazos, sus cabezas no llegan más arriba de mi cintura. Uno de ellos mira desde abajo, alza su cabeza, y con sus ojos negros, brillantes, fijos en los míos, me pregunta:

 

-          “¿Usted es Dios?”.

 

Me quedé completamente, …, no sé. ¿Anonadado?, ¿será eso lo que sentí? Más que sorprendido, más que admirado, …

-          “No, hijo, ni quiera… Él (Dios); yo con ser el padre Antonio tengo bastante”.

Sólo me faltaba eso, si no puedo con lo que tengo. Ser Dios…  Al cabo de un rato caí en la cuenta de que el niño lo debía decir por la barba que no me afeito desde antes de navidades, ya canosa. Espero al menos que fuese por eso.

Con ser el padre Antonio tengo bastante, pero seguramente podría mucho más si le diera más protagonismo al Señor en mi vida, si me dejara guiar más por su amor sin medida, y menos por mis límites, mis juicios, mis convicciones, mis anhelos, mis esperanzas, mis ideales, mi lógica, mi pensamientos, mi experiencia, mis seguridades.

También es cierto que no somos todopoderosos, que no podemos cambiar con nuestras propias fuerzas la realidad que nos desborda y nos inquieta, nos desasosiega y nos interpela cada día; desde que amanecemos hasta que retornamos al sueño reparador somos “una gota de agua en medio de un inmenso océano de necesidades”.

No lo podemos hacer todo, pero todos podemos hacer algo, me atrevo a decir: y mucho. Tenemos que confiar en nuestras múltiples capacidades, en los dones que Dios ha puesto en nuestra vida para que seamos “dispensadores de la múltiple gracia de Dios”, en nuestros talentos invertidos en servir a nuestros hermanos más empobrecidos, más atrasados, más desfavorecidos y casi siempre olvidados de quienes planean y estructuran la sociedad, la política y la economía, si no es para ganar algún reporte a su costa.

Dios y la vida nos dan la oportunidad de no ser meros consumidores para fomentar una sociedad estructuralmente injusta, sino los constructores de un nuevo modelo de sociedad donde el protagonista sea el hombre y sus necesidades reales, no las creadas en nosotros artificialmente como piezas del engranaje de un mundo insolidario y excluyente.

Somos poseedores de una capacidad ilimitada de amar, de perdonar, de buscar el bien y la verdad,  la justicia y la paz, la reconciliación, el progreso interior del ser humano. ¿Por qué cuando especulamos acerca de nuestras aptitudes pensamos en lo que está relacionado con lo  tangible, lo material, lo cuantificable?, ¿por qué no valoramos también el poder de un piropo, un  gesto de ternura, una sonrisa, una caricia, una palabra de aliento, un tiempo de escucha, una apreciación positiva, un juicio constructivo, una actitud empática …?

Somos hijos de Dios, somos dioses y realmente no hacemos más porque nos ofusca el egoismo, la vanidad, la comodidad, la pereza, el desánimo, el desaliento, la torpeza. Es el autolilmitarnos y permanercer en la oscuridad de nuestras cloacas, lo que nos impide ser luminosos, magnánimos, esperanzadores; podríamos mucho más,  sin embargo no nos dejamos amar por Dios, porque en su exigencia no vemos nuestro crecimiento, sino nuestra limitación y ridícula pequeñez.

Quizá el pecado original fue cambiar el deseo de poderlo todo por el complejo de inferioridad paralizante y absurdo que nos impide cumplir nuestra misión de hijos e hijas de Dios. Por eso Jesús se entregó a la muerte, para mostrarnos que sí se puede dar todo hasta el límite, hasta el final; por eso Dios lo resucitó, para enseñarnos que la muerte y el pecado (mal, odio, rencor, resentimiento, egoismo, pobreza, mentira, absurdo, afán de poder, opresión, marginación) no tienen sobre nosotros la última palabra.

Ahora estamos avocados a la Resurrección, estamos amenazados de Vida, coaccionados por el amor ilimitadamente respetuoso y compasivo de Dios, a ser lo que Él nos ha llamado a ser: sus hijos, creados a su imagen y semejanza.

 

-          ¿Usted es Dios?.

Marzo 18, 2008

GRATIS

Guardado en: LoVi — Lovi @ 1:07 am
Cuando comienzo a escribir es domingo, nueve de marzo, el quinto de cuaresma, por la noche. Han sido las elecciones generales en España, pero todavía no me he preocupado de enterarme de los resultados (ahora ya sé que ha vuelto a ganar el Psoe). Esta tarde hemos visto con los muchachos y muchachas de Populorum la película “La Pasión de Cristo”, dirigida por Mel Gibson, la cruda y polémica película sobre la Pasión.
He vuelto a nuestra casa en la Monterrey  y después de saludar a Ramón, que acaba de regresar de España de compartir con su familia el cuidado de su padre enfermo de alzheimer, he ido a mi cuarto a buscar la música apropiada, y como no encontré lo que buscaba, la Pasión según San Mateo de J. S. Bach, he estado escuchando “Meditación ante la Cruz” de Brotes de Olivo mientras preparaba algo de cena.
Ahora continúo con Brotes de Olivo, “Yo soy”, mientras en la mesa de la cocina he instalado la computadora portátil, porque no me aguanto más las ganas de escribir. Me gustaría hacerlo más a menudo, y no es por falta de estímulos, ni por falta de motivos para hacerlo, es más bien por falta de tiempo. Y debería hacerlo más pues escribir, para mi, es medicinal, me ayuda a asumir y drenar tantas emociones y sensaciones que vivo a diario, y también me da la posibilidad de compartirlo con quienes lo leen.
Hoy en el almuerzo me he enterado de que voy a poder celebrar toda la Semana Santa en el mismo sector de la parroquia, en el que vivimos nosotros, desde el domingo de Ramos hasta la Vigilia pascual, todos los días. Ya llevaban días los jóvenes encargados de pastoral y de liturgia del sector pidiéndome que me reuniera con ellos para ayudarles a preparar las celebraciones litúrgicas de estos días; es por eso que imagino que han sido ellos los que han pedido al párroco que fuera yo quien presidiese las celebraciones esta Semana. Es un regalo, pues añoro mucho la vida de parroquia, el compartir con la misma gente los procesos de cada tiempo, de las celebraciones encadenadas, la reflexión continuada de la Palabra de Dios, preparar los signos, los gestos, las catequesis, el cuidado de las celebraciones, todo lo que conlleva la vida parroquial, el acompañamiento de una comunidad cristiana en la vivencia cotidana del compromiso por el Evangelio. Recuerdo la dedicación y esmero con que preparábamos todos los ejercicios cuaresmales: via crucis, celebraciones penitenciales, eucaristías dominicales, oraciones, momentos de contemplación, y me satisface pensar que todo aquello sirvió para que en las parroquias se viviese intensamente este tiempo especial y nos acercase más al amor del Señor.
Es un regalo, gratis, como todo lo que Dios me regala cada día; el hecho de estar aquí en Honduras, el trabajar con tanta gente que de verdad parece querer cambiar en algo las cosas, aunque a veces sólo sea su propia situación personal. Es un  regalo vivir queriendo hacer y construir, pudiendo ayudar, teniendo la oportunidad de sentirme vivo y útil.
Reflexionando con motivo de la película, o a raiz de ella, me siento indigno de tantas cosas, de tantas situaciones como vivo, y sobre todo porque vivo rodeado de quien vivo, y porque veo cada día tanto sufrimiento tan cerca de mi  y  siento que yo lo tengo todo y más.
….
Hoy (ya es martes) hemos reflexionado juntos los compañeros sacerdotes, Patricio, Ramón, Francisco, José y yo, las lecturas de la celebración del domingo próximo, de Ramos, y me he quedado casi en silencio, por que me da pena  (vergüenza) hablar, por eso precisamente, porque vivo con todo rodeado por tantos que apenas tienen lo imprescindible. Es una cruz. Hay quien trata de justificarnos diciendo que si nosotros no nos encontramos bien no le podemos ayudar a la gente, y tal vez en parte sea cierto; pero a mi hay algo que me sigue chirriando, que me sigue afectando, seguramente es sólo mi facilidad para acomodarme lo que me inquieta, y pongo otras escusas por no afrontar mi realidad personal, a la que yo mismo he de hacer frente en lo que tiene de incómodo para mi, pues me cuestiona a la hora de vivir en coherencia radical con el Evangelio.
Una Semana Santa más, una Pascua más ( va a ser la tercera) en tierras hondureñas, y me siento dichoso y agradecido al Señor, muy agradecido. Él siempre me da tanto, me consiente tanto, que siempre tengo la sensación de que lo yo hago es poco, cuando no nada.
Sigo experimentando la limitación y pobreza de mi trabajo y me debato constantemente en guardar el peligroso equilibrio de cuidarme lo suficiente para poder dar más. ¿Me estaré preocupando hedonistamente de mi bienestar?, ¿estaré dando todo lo que puedo?, ¿de verdad cuando me siento cansado, realmente no puedo más, o es que no tengo ganas de hacer un esfuerzo mayor?
Aún así y con todo me siento mucho mejor que el año pasado, más tranquilo, con las cosas más dominadas, con más conocimiento de las cosas, las situaciones y las personas, y esto me da seguridad y serenidad. Y esto siento que también es gratis, que también es regalo del Señor que me anima para seguir adelante, sin descansar, o mejor, sin dejarme cansar, para continuar en la brecha, abriendo el surco en el que Dios me puso con el arado entre las manos.
Aprovecho esta misiva para desear a todos una santa semana centrada en Dios, en el misterio de darse, de entregarlo todo hasta la muerte. Y una feliz Pascua de Resurrección. Gratis, todo gratis.

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