¿Usted es Dios?
Cuando uno sale de casa a la calle cada mañana realmente nunca sabemos lo que nos puede llegar a pasar, y cada día la vida nos desconcierta con sorpresas mayores de lo que nunca hubiéramos podido imaginar.
Teníamos una reunión en la escuela Sta. Teresa los responsables de proyectos, convocada por Yessenia, responsable de los voluntarios extrangeros, para organizar el trabajo que se les puede asignar conforme a las necesidades que nosotros observamos, dependiendo también del perfil y las cualidades de quienes nos visitan. Salimos de la Monterrey más de cuarenta y cinco minutos después de lo previsto, con lo cual la tensión acumulada ya era importante; eso sin contar que al ser la reunión en el centro de la mañana, todo había quedado mediatizado por ella, con lo que después de regresar de la misa en la casa de las misioneras de la Caridad (de la Madre Teresa de Calcuta) estuve dando vueltas por la casa en espera de que partiéramos hacia las escuelas, ya que primero había que pasar por la Santa Clara a recoger a algunas de las directoras; al llegar parecía que la reunión iba a ser allí, dejamos los carros, esperamos en dirección…, pero faltaban las directoras de la Sta. Teresa, alguien que vaya a buscarlas, no, pero esperar por ellas nos retrasa más, cómo hacemos, mejor todos subimos a Sta. Teresa, de nuevo todos a los carros y arribita a la Nueva Capital, en esto la profe Paty dice que ella a las doce y media tiene que estar de regreso, pero ¿cómo, si son casi las once?, más estrés, más tensión acumulada; por si fuera poco me toca manejar el carro, y llevarlo hasta la Nueva Capital no es ningún placer: calles de tierra, baches, hoyos, piedras, polvo, los buses que se te vienen encima, más tensión todavía.
Por fin llegamos a la escuela, es un gozo ver a todos los niños, y cuando bajamos de los carros se acercan a abrazarnos, a saludarnos con muchísimo cariño. En esto aparecen por el portón las maestras de Infantil con todos sus alumnos, vienen de la Laguna del Pedregal, que está más arriba de la escuela, de excursión. Saludo a la profe Lastenia y se acercan algunos de los muchachos que vienen con ellas. De repente dos o tres me rodean las piernas con los brazos, sus cabezas no llegan más arriba de mi cintura. Uno de ellos mira desde abajo, alza su cabeza, y con sus ojos negros, brillantes, fijos en los míos, me pregunta:
- “¿Usted es Dios?”.
Me quedé completamente, …, no sé. ¿Anonadado?, ¿será eso lo que sentí? Más que sorprendido, más que admirado, …
- “No, hijo, ni quiera… Él (Dios); yo con ser el padre Antonio tengo bastante”.
Sólo me faltaba eso, si no puedo con lo que tengo. Ser Dios… Al cabo de un rato caí en la cuenta de que el niño lo debía decir por la barba que no me afeito desde antes de navidades, ya canosa. Espero al menos que fuese por eso.
Con ser el padre Antonio tengo bastante, pero seguramente podría mucho más si le diera más protagonismo al Señor en mi vida, si me dejara guiar más por su amor sin medida, y menos por mis límites, mis juicios, mis convicciones, mis anhelos, mis esperanzas, mis ideales, mi lógica, mi pensamientos, mi experiencia, mis seguridades.
También es cierto que no somos todopoderosos, que no podemos cambiar con nuestras propias fuerzas la realidad que nos desborda y nos inquieta, nos desasosiega y nos interpela cada día; desde que amanecemos hasta que retornamos al sueño reparador somos “una gota de agua en medio de un inmenso océano de necesidades”.
No lo podemos hacer todo, pero todos podemos hacer algo, me atrevo a decir: y mucho. Tenemos que confiar en nuestras múltiples capacidades, en los dones que Dios ha puesto en nuestra vida para que seamos “dispensadores de la múltiple gracia de Dios”, en nuestros talentos invertidos en servir a nuestros hermanos más empobrecidos, más atrasados, más desfavorecidos y casi siempre olvidados de quienes planean y estructuran la sociedad, la política y la economía, si no es para ganar algún reporte a su costa.
Dios y la vida nos dan la oportunidad de no ser meros consumidores para fomentar una sociedad estructuralmente injusta, sino los constructores de un nuevo modelo de sociedad donde el protagonista sea el hombre y sus necesidades reales, no las creadas en nosotros artificialmente como piezas del engranaje de un mundo insolidario y excluyente.
Somos poseedores de una capacidad ilimitada de amar, de perdonar, de buscar el bien y la verdad, la justicia y la paz, la reconciliación, el progreso interior del ser humano. ¿Por qué cuando especulamos acerca de nuestras aptitudes pensamos en lo que está relacionado con lo tangible, lo material, lo cuantificable?, ¿por qué no valoramos también el poder de un piropo, un gesto de ternura, una sonrisa, una caricia, una palabra de aliento, un tiempo de escucha, una apreciación positiva, un juicio constructivo, una actitud empática …?
Somos hijos de Dios, somos dioses y realmente no hacemos más porque nos ofusca el egoismo, la vanidad, la comodidad, la pereza, el desánimo, el desaliento, la torpeza. Es el autolilmitarnos y permanercer en la oscuridad de nuestras cloacas, lo que nos impide ser luminosos, magnánimos, esperanzadores; podríamos mucho más, sin embargo no nos dejamos amar por Dios, porque en su exigencia no vemos nuestro crecimiento, sino nuestra limitación y ridícula pequeñez.
Quizá el pecado original fue cambiar el deseo de poderlo todo por el complejo de inferioridad paralizante y absurdo que nos impide cumplir nuestra misión de hijos e hijas de Dios. Por eso Jesús se entregó a la muerte, para mostrarnos que sí se puede dar todo hasta el límite, hasta el final; por eso Dios lo resucitó, para enseñarnos que la muerte y el pecado (mal, odio, rencor, resentimiento, egoismo, pobreza, mentira, absurdo, afán de poder, opresión, marginación) no tienen sobre nosotros la última palabra.
Ahora estamos avocados a la Resurrección, estamos amenazados de Vida, coaccionados por el amor ilimitadamente respetuoso y compasivo de Dios, a ser lo que Él nos ha llamado a ser: sus hijos, creados a su imagen y semejanza.
- ¿Usted es Dios?.