DOÑA TITA
Han pasado ya los días de Semana Santa y la semana de Pascua, y ya estamos en la segunda. Cuando yo trabajaba en las parroquias en España, en mi diócesis de Cuenca, la semana de Pascua era sagrada, después del achuchón de los días del Triduo y los previos, ameritábamos unos días de descanso, como dicen los medios “unos días de merecido descanso”.
Sólo el primero de los tres años que llevo aquí nos escapamos Patricio, Ramón y yo unos días a Omoa, a casa de Carmen Pérez, y fue un verdadero lujo. El año pasado ya no recuerdo que sucedió, y éste lo voy a relatar a continuación.
Pero antes debo contar como fue la Semana Santa.
Había escrito que estaría en la Monterrey durante toda la Semana, y así fue. Preparamos las celebraciones, ensayamos con los acólitos, advertí, animé, corregí en todo lo que me parecía a los encargados de los distintos aspectos de las celebraciones. Nos reuníamos tres sectores: Los Llanos, La Alemán y Monterrey, sin embargo la participación de la gente en las celebraciones fue poca, pues la mayoría salen de vacaciones, la mayor asistencia fue en las celebraciones del Domingo de Ramos y la Vigilia Pasual. Esta última fue la que con más entusiasmo se preparó, en concreto el coro ha ensayado a lo largo de más de un mes ya que era la primera vez que se celebraba la Vigilia en este sector y también la primera vez que los coros de los tres sectores cantaban juntos, había pues que ensayar, ensayar y ensayar; como nuestra casa linda pared con pared con el templo, ya teníamos la batería clavada en el higadillo, y claro como la potencia de sonido era tanta, y el templo tan pequeño, hubo que instalar equipo de sonido para que se escucharan las voces, sobre todo para los salmistas, a los que finalmente se escuchó muy poco, ya que tanta batería y guitarra acústica las opacaban. Se celebró la Vigilia completa con sus nueve lecturas, todos los salmos cantados, con todo, sólo nos faltaron bautismos; duró unas tres horas y media o cuatro, pero yo la disfruté mucho.
El viernes Santo habíamos participado en el Vía Crucis de todos los sectores de la parroquia, donde cada uno de ellos representa una de las estaciones en un recorrido largo y pausado( también invertimos unas cuatro horas); por la tarde, para la adoración de la Cruz, llevé a la parroquia la imagen de un Cristo crucificado, que llegó desde España en un contenedor el pasado verano y que está en la capilla de la casa de las muchachas del proyecto Populorum, obra del escultor malagueño (o almeriense, no recuerdo muy bien) Manuel Requena. Fue, como cada año, una bonita experiencia, además de que el canto de adoración “postrado ante la cruz en la que has muerto” me recordaba, sobre todo, las semanas santas de Almendros y Torrubia, donde también lo cantábamos (“O tempora, o mores” ¿es así como se escribe?).
El jueves en la mañana celebramos la misa Crismal en la basílica de Suyapa donde el cardenal, en el momento de saludarnos uno a uno a todos los sacerdotes, me reiteró su agradecimiento por haber dejado mi diócesis de Cuenca para venir a trabajar a Honduras, con mi consiguiente emoción y pudorosas lágrimas envueltas en la calidez del fraterno y cariñoso abrazo. En la tarde doblé la celebración de la Cena del Señor: primero en el sector de Las Brisas y más de noche en Monterrey. En áquel sector, que frecuento menos pues tienen la misa dominical en la tarde del domingo y yo la dedico a convivir con los jóvenes Populorum, aunque uno ponga todo el corazón que puede, al conocer menos a la gente del sector, se pierde intimidad y cercanía, sin embargo el Señor me hizo el regalo de colocar a Denis Mendoza entre los que se lavaron los pies; un momento muy intenso, él el joven que más tiempo ha permanecido colaborando con Patricio y hemos tenido más de un enfrentamiento y muchas reconciliaciones muy sinceras, nos corregimos mutuamente y nos ayudamos mucho, al menos él a mi, no sé si yo a él tanto. Hubo mucho de maestro/discípulo, o, mejor, de discípulo/discípulo, lavándonos los pies unos a otros como Él lo ha hecho; con mucho amor.
El domingo de Resurrección tuvimos en la casa almuerzo pascual, garbanzos con chorizo, para unas treinta personas, o más, momento apropiado para compartir, reir, platicar,… Cada vez que saco la olla de las grandes comidas para mucha gente de debajo de la cama, recuerdo las ollas de lentejas de Trini en Murcia. Las ollas, como la alcuza y la orza de la viuda de Sarepta, que nunca se agotan, como la vida que compartimos, la generosidad, la entrega, la dedicación a los demás, cuanto más pobres mejor y con más alegría, el esfuerzo por continuar adelante con todo a pesar de lo duro y lo ingrato que es a veces; mas Dios paga con creces, ya nos ha pagado antes, ha saldado la cuenta con nosotros, y somos nosotros quienes le debemos a Él, en los hermanos, amor. Este sí es el auténtico gozo de la Pascua.
Será por eso que no hay que dormirse. La semana de pascua no salimos a ningún sitio de vacaciones pues el jueves teníamos en Ostumán la visita de Monseñor Santos, obispo de Copán, a la casa Populorum Progressio, para bendecirla después de celebrar allí la Eucaristía, clausurando el compartir con el almuerzo y la posterior sobremesa. Así en la semana viajé el lunes a Marcala, regresando el martes, para salir el miércoles a Copán y volver el jueves, manejando de nuevo el viernes a Texiguat.
Cuando el jueves en la noche, a eso de las ocho, retornábamos de Ostumán a Tegucigalpa, recibí la llamada de Juan Bautista, responsable de la Populorum de Texiguat, diciéndome que el viernes a las nueve de la mañana tenía reunión de padres de familia en el colegio en que ellos estudian. Yo ya tenía programado el viaje, pues había que llevar la provisión de alimentos a la casa, lo que no tenía era carro, así que Patricio tuvo que prestarme el que él usa, cambiando sus planes de subir a las escuelas Sta. Clara y Sta. Teresa esa misma mañana; Patricio se fue a trabajar con los jóvenes encargados de Becas San Miguel, para que yo pudiera viajar en el carro, pero antes debía subir al doctor Diego Sánchez a la Nueva Capital para que pudiese realizar allí una brigada médica. Así que entre que subí y bajé y cargué el carro con la provisión y demás historias se hicieron las diez de la mañana. No había sido esa toda la aventura, quedába más, si no la vida sería simple, común, anodina, aburrida. La vida aquí es barroca: convulsa, retorcida, inesperada, tensa, dinámica, espasmódica, revuelta, tumultuosa, encrespada, sobrecargada, insospechada, caótica. A pocos kilómetros de la casa, después de recorrer los cuarenta y cinco minutos de calle pavimentada, seguidos de casi dos horas de transitar por calle de tierra, de repente, encontarmos una maquinaria pesada obsatculizando el paso. Después de varios minutos de no recibir ninguna indicación de los operarios, finalmente, uno de ellos se aproxima pausadamente al vehículo y nos dice:
- No hay pasada.
- Disculpe, ¿no hay ningún acceso?
- No, la calle está cortada por completo.
- Y ¿durante cuánto tiempo?
- Unas dos horas, dijo con poco convencimiento.
Eran más de las doce del mediodía. Hubo que dar marcha atrás, buscando una sombra, pues transportábamos la comida en la paila del carro, y no la encontrábamos. Subimos hasta la última comunidad que habíamos pasado y en un pequeño sombrajo, nos detuvimos a esperar.
Cuando finalmente conseguimos pasar, efectivamente dos horas después, ya habían colocado los tubos de hormigón para el alcantarillado de la calle, y rellenado con tierra. Yo, sinceramente debo decirlo, no había dado mucha credibilidad a las palabras del señor, pues aquí el calculo horario es más bien flexible, “ahorita” se puede convertir en una hora con asombrosa facilidad para mi encorsetada y rígida mente europea.
Definitivamente llegamos a la casa S. Francisco de Asís alrededor de las tres de la tarde, nos ofrecieron un almuercito y me comunicaron que la presidenta de la asociación de padres de familia había dejado una nota para mi, pero mejor que fuera a verla para platicar conmigo. La nota reza así (transcribo literalmente):
Sr.: Antonio López Villar 28 de marzo del 2008
Sacerdote
Por este medio le comunico que el día de hoy tuvimos reunión en el Instituto y en la parte económica quedo aportar 100 Lps. Por padre de familia que son 50 de mano de obra y 50 Lps. De mensualidad ya que le estamos dando seguimientoal aula de computación y empezando a trabajar con la dirección del Instituto. Sr. Antonio tráigame el nombre de los padres de los 19 jóvenes de los que usted esta a cargo en la casa San Francisco de Asís o si no mándemelos con algún joven aquí a la casa Pulpería Don Yofo
Gracias:
Elizabeth Hernández Mendoza
Presidenta
Sociedad Padres de Familia
Así que nada más comer me encaminé a la pulpería de doña Tita, situada en la calle principal del pueblo. En cuanto oyó el carro salió a abrirme la puerta metálica, descorriendo el cerrojo de la verja que sirve tambien para despachar a los clientes en la calle sin que entren al comercio. Nos invitó a pasar, me acompañaba Ovidio pues yo no sabía dónde se encontraba la tal pulpería.
A doña Tita la conocí en la primera reunión de padres de familia del instituto Texiguat hará algo más de un mes, cuando se eligió a la nueva directiva. Es evidente su disponibilidad, sus dotes de mando y liderazgo, y también su connivencia con la directora del colegio, doña Marta. Al concluir aquella reunión pregunté al padre de Paola, una de las jóvenes de la casa, si doña Tita era católica o evangélica, pues sabía que doña Marta es evangélica y que eso la lleva a no tener mucha simpatía hacia el P. Elmer, sacerdote del pueblo que anteriormente se encargó del acompañamiento de los jóvenes, aunque las discrepancias tal vez vengan por el carácter de ambos, más que por su credo. Este papá me dijo que doña Tita no iba a ninguna de las dos iglesias. Yo recordé a doña Alicia, la del restaurante China de Catacamas, aquella que decía que era como animalito que ni a una ni a otra iba nunca. Y pensé también que quizá para ella la mejor manera de no perder clientela para su pulpería de los adeptos de cualquiera de las dos iglesia era no participar de ninguna de ellas, en una vivencia neutra de la religión cristiana.
Doña Tita es una mujer despierta y locuaz, emprendedora y activa, muy trabajadora, que quedó viuda hace ya varios años, y que ha sacado adelante a sus hijos, sola, con su trabajo en el negocio de la pulpería que regentaba con su difunto, don Adolfo, quien fuera alcalde de la población; se ve que no es como el resto y parece se debe a que, como ella misma explicó, su papá era salvadoreño, no hondureño, y es esa sangre la que corre por sus venas. No se anda por las ramas y va al grano. Se jacta de haber sido la primera que trajo venta de verduras a la pulpería en Texiguat, después las demás han seguido sus pasos. Ha sido de la directiva de la asociación de padres, primero de la escuela y después del colegio, todos los años que sus hijos han estado estudiando en estas instituciones, y este es ya su último año, pues su hijo menor, Daniel, ya se gradúa al acabar este curso. Después se irá a vivir a Tegucigalpa, para continuar ayudando a sus vástagos, consiguiendo para ellos una buena posición social y económica. Dice que la acusan de ser demasiado dura cuando habla, y lo cierto es que tiene don para hablar en público, según comprobé en aquella primera reunión a la que asistí, en la que fue elegida como presidenta de la asociación de padres de familia, en la que comenzó diciendo que no aceptaba ningún cargo y que se retiraba de la junta pues ya había asumido responsabilidades muchos años, pero donde aceptó, con el apoyo de doña Marta, la directora, de nuevo la presidencia ocultando el rostro tras las manos abiertas en señal de vergüenza, pero sin ningún empacho.
La visita a casa de doña Tita duró algo más de una hora, en la que me aconsejó rendir pleitesía al alcalde del pueblo a fin de que me hiciera una rebaja en la aportación a la asociación de padres, ya que él es la autoridad máxima del pueblo y que, si él lo aprobara, nadie tendría inconveniente en aceptar esta decisión. Yo me preguntaba qué tiene que ver el alcalde con la asociación de padres de alumnos de un instituto, pero así es aquí la cosa. Y tengo que ir a ver al alcalde, no buscando la rebaja que dice doña Tita, sino con el fin de solicitar permiso de la municipalidad para extraer agua del rio con una bomba eléctrica para el uso doméstico de la casa Populorum Progressio San Francisco de Asís de Texiguat.
Así, la vida sigue. No hemos conseguido salir ningún día a descansar un poco y continuamos en la lucha de cada día, aunque he intentado tener esta semana algo menos de ajetreo, pues a partir de la siguiente comienzan de nuevo los viajes. Seguimos en la brecha, esforzándonos cada día por hacer lo mejor posible las cosas, intentando ayudar al máximo a los jóvenes, como doña Tita lucha por sacar adelante a su prole.