Archive for Septiembre, 2008

Hace unos días, más bien semanas, me llegaba la invitación para la boda de mi prima Elvira, el día trece de septiembre en Landete (Cuenca).

En el texto de la invitación un poema de Pedro Salinas:

 

Todo dice que sí.

Sí del cielo, lo azul,

y sí lo azul del mar;

mares, cielos azules

con espumas y brisas,

júbilos monosílabos

repiten sin parar.

Un sí contesta sí

a otro sí. Grandes diálogos

repetidos se oyen

por encima del mar

de mundo a mundo: sí.

Y puesto que yo no podía asistir a la boda, con la complicidad de mi sobrina Estrella me hice presente mediante el siguiente texto que ella leyó en la celebración y yo había escrito con anterioridad y ahora comparto con todos. Donde dice Luis y Elvira (curiosamente los nombres de mis padres que se casaron en esa misma iglesia el veinticuatro de octubre de mil novecientos cincuenta y nueve) podéis poner vuestros nombres.

Tegucigalpa, 13 de septiembre de 2008.
 

Queridos Luis y Elvira, querida familia:
 

En este momento los más de ocho mil kilómetros que nos separan, se reducen a un aliento, a un paso, a un latido del corazón. Estamos aquí, al lado, vosotros en Landete y yo en Tegucigalpa; ahí serán aproximadamente la una y media del mediodía (si mi prima no se ha retrasado demasiado), lo que significa que aquí son las cinco y media de la madrugada, mi hora de levantarme y bajar a la capilla de casa para orar un rato con los jóvenes que viven con nosotros en la casa cural de la colonia Monterrey.
 

Juntos, y delante del Señor del Amor, del mismo Señor que está frente a vosotros, quiero decir con vosotros: “SÍ”; el mismo sí de Salinas con que nos habéis anunciado vuestra boda.
 

 

Sí,
desde el corazón,
un sí que invade e impregna el universo,
que rebasa todas las constelaciones,
que alcanza  el recorrido de todas las estrellas,
un sí cósmico,
absoluto,
total.
Sí al amor que permanece siempre,
que todo lo cura y salva,
al amor que nunca muere,
que nunca se destruye,
que se expande,
que permanentemente se multiplica,
se reproduce,
se incrementa.
Sí al amor que no debilita,
que no empequeñece,
que no amedrenta,
que no limita;
sí al amor que engrandece,
encumbra, sublima, libera,
sana y permanece.
Sí,
sí al amor a la vida,
al amor que enamora el compromiso por un mundo mejor,
al amor que seduce para luchar por una sociedad más justa,
sí al amor que enlaza y enreda los cuerpos y los corazones
y les hace arder,
sí al amor incombustible,
al amor solícito, abnegado,
generoso, gratificante, entregado,
sí al amor gratuito,
al amor que siembra de esperanza el futuro de los amantes
y de toda la humanidad.
Sí al amor que humaniza,
al amor que nos lleva a dar lo mejor de nosotros mismos,
sí al amor que hace sagradas a las personas,
al amor que consagra,
al amor que sacrifica,
al amor que hace hacer las cosas por amor.
Sí al amor que germina y florece,
al amor que da fruto y conoce el perdón,
al amor que consuela, escucha y plenifica,
al amor que comprende, al que presta atención;
sí al amor incondicional,
sí al amor que se encarga,
y al que se hace cargo,
y al que carga con la persona amada
asumiéndola entera,
incluso cuando se entra en contradicción.
Sí al amor que supera las fronteras,
que destruye barreras,
que rompe los muros
y abre caminos de entendimiento,
de búsqueda mutua  y de paz.
Sí al amor divino que nos diviniza porque nos hace humanos,
que nos humaniza haciéndonos divinos.
Sí a vuestro amor que hoy se eleva al Señor de los cielos
en un canto terreno, amigo, preciso y precioso,
sí a vuestras manos entrelazadas con fuerza,
sí a la mirada que penetra hasta el fondo del alma,
sí a las lágrimas emocionadas,
sí a vuestro compromiso,
sí a vuestro deseo de unidad, de totalidad
que os funde con el Ser Uno,
con el Dios del Amor.
Bendito vuestro amor,
bendita vuestra vida  que es ya sólo una,
benditos vosotros,
Luis y Elvira,
Elvira y Luis.
Sí.
Amén.                                                
 

 

 

Con todo mi cariño.                                                
  
 

 

Antonio López Villar.
 

 

 

 

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