Flipante Dios

Junio 17, 2011

SIN MIEDO (Y SIN VIOLENCIA).

Guardado en: LoVi — Lovi @ 8:18 pm

El fin de semana de Pentecostés lo he vivido en el gozo profundo de compartir con mi amiga Ana la celebración de su matrimonio con Mario. Ha sido emotivo, intenso, con un nivel de consciencia de lo vivido y disfrutado difícil de expresar. Me sigue llamando poderosamente la atención lo impactante de las relaciones humanas cuando dejamos que éstas nos atrapen el corazón y nos dejamos arrebatar por la fuerza de la amistad y del amor. Todo es agradecimiento. Todo es voluntad de continuar adelante porque el amor recibido sigue siendo mucho y éste expresado profusamente. Todo es compromiso con quienes la vida me ha dado la oportunidad de encontrar y han querido participar conmigo de lo que soy y lo que tengo. Todo es oportunidad de mejorar aquello que se puede superar para acercarnos cada día más a lo que Dios quiere de nosotros, lo que Dios ama en nosotros, todo aquello que, si no dejamos de trabajar, podemos llegar a ser, la imagen que Dios tiene de nosotros mismos y en la que nos reconoce.

Cuando amamos, cuando vivimos la amistad o/y el amor intensamente, nos hacemos conscientes de la sublimidad del ser humano, nos acercamos a nuestra esencia, arrebatadoramente gratificante, de ser hijos e hijas de Dios (y eso que “aún no se ha manifestado lo que seremos”).

Pentecostés es la plenitud de la Pascua, la consumación absoluta del misterio de amor de Dios por la humanidad. Pentecostés es “mi” fiesta. Y no sólo porque hace treinta años, en Nohales, en una convivencia de jóvenes de Renovación Carismática Católica de la Parroquia Santa Ana de Cuenca, Dios quisiera que yo me dejase seducir por Él comenzando a ser consciente de su amor por mi, sino porque es el despertar de quienes han puesto su confianza en Dios y se atreven a proclamarlo si ningún tipo de rubor. Pentecostés es el salto al vacío de los seguidores de Jesús ante una sociedad, una cultura y una religión dispuesta a devorarlos.

Este año tenemos una razón más para celebrar con una alegría desbordante esta fiesta, porque el mundo entero está viviendo una eclosión donde se ha perdido el temor a las instituciones represivas y las personas de todo tipo y condición tienen el coraje de salir a la calle para manifestar su negativa a continuar siendo consideradas numéricamente, exigiendo el reconocimiento que merecen en su dignidad y su libertad.

Todo lo que hay de bueno, de bello, de justo en el mundo es obra del Espíritu; nadie puede decir Jesús es Señor, si no es por obra del Espíritu (I Cor 12, 3b), el mismo Espíritu obra todo en todos (I Cor 12, 6). La totalidad de la plenitud, un subidón.

Por eso en cada persona amiga, en cada gesto, en cada reconocimiento, en cada corrección, en cada caricia, en cada beso, en cada abrazo, en cada sonrisa, en cada regalo, en cada esfuerzo por dar lo mejor de cada uno de nosotros está presente el Espíritu; es Él quien está actuando en nosotros, a través nuestro, nos dejamos ser en el Espíritu para que sea Él quien venga y haga y esté presente. Es el Espíritu quien nos da la capacidad de dejarnos llevar, de abandonar el control y las seguridades mezquinas de nuestra vida, para que sea Él quien entre a custodiar, a guardar y a recrear en nosotros. Él lo hace todo. El Espíritu nos libera del miedo que nos impone atrincherarnos, obligandonos a reducir nuestra capacidad de amar, de comprometernos, de luchar, de servir, de dar la vida por los demás. Todo aquello que hacemos sin pensar exclusivamente en nuestro propio provecho es obra del Espíritu. Tomar los barrios es obra del Espíritu, salir a la calle es obra del Espíritu.

Hoy he leído una tira de humor gráfico que dice así:

¡Increíble! Más de dos millones de jóvenes y un montón de obispos se juntan en agosto en Madrid.
¿Te das cuenta? Son una gran fuerza de presión ¿Vienen a pedir en nombre de la Iglesia la erradicación de la pobreza?
Bueno…, no exactamente, vienen a ver al Papa.
Por eso ¡Qué mejor momento! Porque, piénsalo, lo uno no está reñido con lo otro.
Sí, la verdad espero que así sea.
¡Claro que sí! ¡Ya verás!
¡Dios te oiga!
(Burr y Buey. Revista Jesuitas nº 109 – Verano 2011).

Si cada oportunidad que el Espíritu nos da la aprovecháramos para dar testimonio real, verdadero y creíble de nuestra confianza en Dios, de que nos sabemos sus instrumentos para ser testigos de su amor, si nuestro compromiso con la justicia y la paz se fortaleciera en cada circunstancia, otro gallo nos cantaría. Necesitamos estar atentos para que no nos cuelen los goles, para perder el miedo, para fortalecer nuestro compromiso real por un nuevo sistema económico, político y social que haga posible la erradicación de la pobreza, porque éste que tenemos ahora y gobierna el mundo entero, que quieren mantener a toda costa quienes se siguen privilegiando y enriqueciendo a costa de otros, no sirve, no da más de sí.

Hasta ahora han salido a la calle quienes podían, quienes han tenido la capacidad de entender que habían llegado al límite de su aguante, han venido de fuera los que tenían posibilidades y se lo podían permitir; pero si, como ya está pasando, las dos terceras partes de la humanidad se dan finalmente cuenta de que ellos son las víctimas de nuestro “bienestar” y deciden revelarse para tomar su parte del beneficio ¿qué va a pasar? Ya que los políticos y los economistas no son capaces de actuar por cordura y por solidaridad humana, al menos deberían retomar sus posturas por prudencia y para evitar que se desboque la que se avecina…

Entre otros gobiernos el “gobierno” de la Iglesia -¿qué hace la Santa Sede siendo todavía un estado?-, debería alzar su voz de un modo definitivo, pero no en un ángelus, ni una homilía, ni una encíclica, sino utilizando ese magisterio que le hace infalible para que todos los católicos del mundo despertásemos definitivamente y pusiésemos manos a la obra en la revolución del amor, con todos los medios que tenemos a nuestra disposición. Eso sí sería una verdadera revolución, un verdadero Pentecostés. Sin miedo.

En los últimos días por todas partes aparecen los altercados con aquellas personas que, amparándose en el anonimato del grupo y del movimiento 15M, han ejercido la violencia física y verbal en contra de otros ciudadanos. Casi me atrevería a decir que son infiltrados en el movimiento de otros sectores en desacuerdo con nuestra reivindicación social, pero para no armar más lío me basta con decir que rechazo todo tipo de violencia sea del tipo que sea, que el movimiento que surgió del 15M se ha caracterizado por su civismo y su respeto a todas las personas, que desalojada la plaza ya no queda escusa para recriminarnos y que deseamos continuar en la lucha que se ha iniciado, lenta y concienzudamente, paciente y tenazmente, hasta lograr alcanzar el objetivo final que es el cambio de modelo social que, si no elimine totalmente (eso sería ser ilusos y desconocedores de la condición humana) el empobrecimiento de muchos a costa del enriquecimiento abusivo de unos pocos, al menos favorezca la justicia para todos los ciudadanos del mundo y la posibilidad de que todos, aún con diferencias, vivamos en condiciones dignas; que todos los hombres y mujeres que habitan el planeta tierra tengamos la oportunidad y la posibilidad de desarrollar nuestras capacidades en beneficio propio y de la comunidad.

El Espíritu es el orden sobre el caos, quienes ejercen el desbarajuste y el enfrentamiento brutal de manera gratuita, no son del Espíritu. El Espíritu aleteaba por encima de las aguas antes del ordenamiento del cosmos (Gen 1,2) y en Pentecostés regenera la confusión de lenguas de Babel (Gen 11, 1-9) en orden a la comunicación de todos los seres humanos, sean de la nación que sean, mediante el lenguaje del amor (Hch 2, 1-11). La obra del Espíritu es construir en positivo con esfuerzo y dedicación, con abnegación, para el bien de los otros, para la edificación del Reino de Dios que es justicia, paz y amor.

Por eso proclamo mi confianza en el Señor y en su Espíritu de Vida, que alienta sobre la Iglesia y sobre toda la humanidad para que la felicidad de todos los seres humanos no siga siendo ilusoria ni una utopía inalcanzable sino aquello que, sin miedo y sin violencia, vamos formando cada día con el esfuerzo de todos y cada uno de nosotros.

Sin miedo (Rosana Arbelo).

Sin miedo (…)
haciendo a cada paso lo mejor de lo vivido,
mejor vivir sin miedo.
(…)
Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno
(…)
y nos hacemos aves, sobrevolando el suelo, así.
Sin miedo, (…)
no hay sueños imposibles ni tan lejos
si somos como niños
sin miedo a la locura, sin miedo a sonreír.
Sin miedo, (…)
si alzamos bien las yemas de los dedos
podemos de puntillas tocar el universo, sí.
Sin miedo, las manos se nos llenan de deseos
que no son imposibles ni están lejos.
Si somos como niños
sin miedo a la ternura, sin miedo a ser feliz.

http://www.youtube.com/watch?v=yuOciTdYCl4

Junio 16, 2011

LO QUE AHORA PARECE UN VUELO (TODO, TODO, TODO, TODO).

Guardado en: LoVi — Lovi @ 1:23 am

El pasado viernes, día tres de junio, hubo una asamblea más en la Puerta del Sol de Madrid. No tenía conocimiento de ella, pero quiso la casualidad, la providencia, o como quieran llamarlo, que yo “pasaba por ahí”, como el amigo Luis Eduardo. Mi sorpresa fue que no era una asamblea como otras en las que he participado, siempre como oyente, en que se informa a la asamblea general acerca de lo tratado en las distintas comisiones, proponiendo a votación las conclusiones, para ser aprobadas. Era una reunión de portavoces de los distintos lugares de España donde se está acampando como parte del movimiento 15M.

Ha sido impresionante: Cuenca, Murcia, Córdoba, Granada, Sagunto, Teruel, Castellón,… lo que más me impactó es que no venían sólo de capitales de provincia, sino también de distintas comarcas; cada uno de ellos y ellas aportaban su experiencia, agradecían la fuerza que estaba tomando todo el movimiento, la iniciativa de Madrid, y proclamaban su disponibilidad a continuar luchando por hacerse escuchar y llevar a cabo acciones que promuevan el diálogo participativo y la reforma del régimen pre democrático en el que vivimos actualmente para llegar a conseguir un verdadero sistema democrático.

Indignaos, reaccionad, intervenid, solidarizaos, comprometeos, mejorad, superaos, subid, elevaos, llegad más alto, más arriba, ascended. Estad por encima de esta realidad burda y vulgar, atreveos a soñar y a ser lo que realmente sois, lo que realmente somos. No nos toca a nosotros discutir ahora sobre candidatos y partidos -¿por qué partidos? ¡queremos enteros!-, sobre escaños y concejalías y número de votos conseguidos, porque se hagan como se hagan las cuentas, todo seguirá igual; ha llegado el momento de saltar y buscar un cambio real que haga posible que cada persona sea ciudadano, y viceversa, y sea considerado como tal; ha llegado el momento de que busquemos un sistema de gobierno en el cual la voz de cada ser humano tenga valor, para que la política, la vida de la polis, no se convierta en una compraventa de votos y de concesiones entre partidos y de apaños y mañas para alcanzar el poder de las instituciones de gobierno, que es equivalente a conseguir el dinero público para beneficiarse, directa o indirectamente, de su administración, cuando no de su malversación.

Ha llegado la hora, y ya está aquí, de que nos elevemos por encima de esta miseria y de esta trama de corrupciones donde nadie reconoce sus errores, sino que busca el modo de acusar al oponente de una porquería mayor a la suya que, con su hedor, camufle el tufo que hay bajo su asiento.

Por eso ha sido hermoso, apasionante, celebrar el domingo pasado la solemnidad de la Ascensión. Cristo, resucitado, asciende al Padre, cierra su ciclo, termina su misión y regresa a Aquel de donde provenía antes de su encarnación; sin embargo no se desentiende de la humanidad, nos encarga ser sujetos de nuestra historia, nos insta a tomar parte en la vida para continuar haciendo realidad cada día su plan de Salvación: que todos los hombres y mujeres sean felices y conozcan la verdad de sí mismos, de los otros y del mundo que los rodea, que se hagan conscientes de que son corresponsables con Dios de la Creación para su propia realización como seres humanos, como personas libres y responsables, capaces de amar y ser amados y por consiguiente de lograr la justicia y la misericordia -hacerse cargo de la realidad sufriente, encargarse y cargar con ella-.

En esta tarea Jesús no nos ha dejado solos, Él permanece con nosotros siempre (todos los días), en el amor, para que hagamos su enseñanza completa (todo lo que yo os he mandado) parte de nuestro propio ser y así entremos en la comunión de vida de la trinidad asumiendo nuestro propio destino. Somos parte insustituible e “ineliminable” del ser de Dios, formamos parte de Él y asumimos el compromiso personal y responsable de serlo verdaderamente. Y toda la humanidad (todas las gentes) está llamada a formar parte de este ser sin ningún tipo de distinción, ni de marginación o rechazo, por ningún motivo. Es Él quien nos otorga la autoridad que ha recibido del Padre (todo poder) que no es una prerrogativa, un privilegio peyorativamente entendido, es la capacidad moral que nace de la opción por vivir en servicio y entrega total a nuestros semejantes.

Así nos lo dice el texto del evangelio de Mateo que hemos proclamado en la celebración litúrgica:

“28,16Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
17Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron.
18Jesús se acercó a ellos y les habló así:
‘Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.
19Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
20y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado.
Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’”
(Mt 28, 16-20).

Soy consciente de que entre todos los que reconocemos a Jesús como Señor, como parte no sólo importante sino primordial en nuestras vidas, hay muchos que dudan, que dudamos, que nos preguntamos, con auténtico deseo de conocer la verdad, que nos cuestionamos a nosotros mismos y a los demás y, del mismo modo, cuestionamos nuestra comunidad y nuestra Iglesia, no porque deseemos juicios sumarísimos, sino porque entendemos que lo que Jesús nos ha encargado debería seguir otros derroteros que las avenidas por las que ahora transita. Sentimos -tenemos la sensación- como certeza que la opción por el Evangelio no se puede asumir de otro modo que al lado de los más desposeídos y empobrecidos de la tierra; y también dudamos, incluso desde nuestra seguridad, si tenemos la capacidad de entregarnos radicalmente a esta lucha.

Por eso me admira la capacidad de quien se ha echado a la calle y ha acampado en las plazas, ya que yo no he dejado mi casa ni mi cama y sigo escribiendo sentado en mi silla, delante de mi ordenador, en mi habitación (tranquilo, majete, en tu sillón).

No sé si es suficiente o no, no sé si es lo óptimo, pero quiero concederme siempre el beneficio de la duda, para no sentirme plenamente satisfecho, para dejar que Jesús me siga cuestionando e indicando hacia dónde tengo que ir, como Él, sin desentenderme del mundo en el que vivo, sin mirar hacia otro lado, con la consciencia plena de que me ha sido dada la capacidad y la oportunidad para transformarlo.

“No, yo no dejo la tierra.
No. Yo no olvido a los hombres.
Aquí yo he dejado la guerra;
Arriba, están vuestros nombres.

¿Qué hacéis mirando al cielo,
varones, sin alegría?
Lo que ahora parece un vuelo
Ya es vuelta y es cercanía.

(Himno de la Liturgia de las Horas).

Junio 3, 2011

SEGUIMOS AL SOL

Guardado en: LoVi — Lovi @ 12:39 am

El título de la película “Los lunes al sol”, dirigida por Fernando León de Aranoa en el año dos mil uno e interpretada por Javier Bardem y Luis Tosar, parecía premonitorio, no sólo por el título, sino por su contenido, la situación de fracaso y abandono, el desencanto, que se ven obligados a vivir los trabajadores despedidos por las empresas navieras como consecuencia de la reconversión industrial en los astilleros de Galicia y Asturias.

Los lunes, los martes, los miércoles… Al calor del sol, en la puerta de su nombre, se reúnen y conviven y pasan días y noches desde hace más de quince días todos aquellos que han decidido permanecer unidos después de la jornada del quince de mayo, en su nombre y en el de todos aquellos que, indignados, no estamos todo el tiempo que quisiéramos. Parecía que este domingo 29 se iban a disolver las acampadas, pero continúan reivindicando con su presencia el derecho a ser escuchados a fin de lograr una sociedad realmente democrática más justa y equitativa.
Anoche, martes 31, en la asamblea general de la Puerta del Sol se seguía planteando la conveniencia de reestructurar la acampada, sin que esto significara abandonar definitivamente, pero sí se planteaba seriamente que había que superar los problemas que están dándose en la convivencia, en la falta de salubridad de la acampada y bajo los toldos, y en la injerencia de personas ajenas al movimiento y a la acampada que provocan conflictos; aparte de esto la repercusión negativa que está teniendo en muchos medios de comunicación las protestas constantes de comerciantes y vecinos de la zona. Si pedimos respeto para todos debemos hacerlo respetando, tratando de causar el menor daño posible.
La inmensa mayoría, aunque había voces discrepantes, estaba a favor de reestructurar el campamento y el espacio ocupado en la plaza por algunas de las comisiones.

Personalmente considero, como dijo en la asamblea alguno de los compañeros, que el movimiento 15M es más que la acampada de Sol. Fue un paso decisivo, importantísimo, para llamar la atención, ayudarnos a despertar y a hacernos conscientes de lo que sucede y de la necesidad de evitar la manipulación y la ceguera. La marcha del domingo quince y la posterior acampada como respuesta a la agresión sufrida por los participantes a manos de las fuerzas del orden público prendió la mecha, y ardió. Parece que lo más importante no es el estar allí físicamente, sino continuar trabajando buscando los cauces para alcanzar las reivindicaciones exigidas, a saber: eliminación de los privilegios de la clase política, reparto de los puestos de trabajo y la seguridad en el mismo, derecho a una vivienda digna, servicios públicos de calidad, control de las entidades bancarias y financieras, control y regulación equitativa de la fiscalidad, defensa de las libertades democráticas y verdadera participación ciudadana y reducción del gasto militar. Soy consciente de que la acampada en las plazas de las ciudades son un recuerdo continuo de que debemos estar alerta, pero también es cierto que nos cansamos enseguida y que la simpatía que generó en su comienzo se puede tornar en un rechazo generalizado no sólo a la acampada, sino también al movimiento, y eso pienso que se debe evitar. No parece conveniente que los problemas causados por las acampadas se conviertan en un lastre para todo el movimiento.

Es importante seguir adelante porque queda mucho por hacer, el sistema actual no da más de sí y, si queremos verdaderamente transformar la realidad que vivimos, no podemos pararnos ni dar marcha atrás, hay que continuar en la lucha planeando con sosiego y sin tregua -“sin prisa pero sin pausa” que dice mi madre- las acciones que se deben ir llevando a cabo sin entorpecer el progreso del movimiento y la consecución paulatina de nuestras justas demandas.

Las ocasiones en que paso por Sol y permanezco durante un espacio considerable de tiempo me siguen llamando la atención los detalles que revelan el carácter pacífico de quienes organizan y mantienen con su esfuerzo voluntario las distintas comisiones: constantemente se hacen llamados a la responsabilidad, a no consumir alcohol, a la limpieza, a participar todas aquellas personas que lo deseen, a contribuir al orden y al respeto de la acampada para beneficio de todos y también para evitar que algunos medios de difusión se hagan eco de los errores para desprestigiar no sólo la acampada, sino también la legitimidad del movimiento. También en las asambleas se insiste permanentemente en que nos centremos en lo que nos une y nos ayuda a fortalecer posiciones y a no perdernos en disquisiciones o detalles que nos distancian, la búsqueda constante de lo positivo, el respeto a las opiniones de todos, la utilización de un lenguaje inclusivo para que nadie se sienta rechazado, en todo se demuestra lo positivo y edificante de este acontecimiento.

El pasado jueves estuve en Cuenca y tuve la oportunidad de visitar la acampada en la plaza de la iglesia de San Esteban. Me causó una sensación entrañable ver como un joven de los acampados explicaba con serenidad y paciencia a una señora mayor, de más de setenta como poco, las reivindicaciones del movimiento; pude comprobar el orden y la limpieza, la calma con que preparaban su comida y la tranquilidad que transmitían. También le pedí a José Antonio, el sacerdote responsable del templo delante del que están asentados, que los cuidara y no les pusiera obstáculos, y me alegró mucho su actitud positiva y acogedora con ellos.

Por otra parte, en Honduras, ha tenido lugar un suceso relevante: el regreso de Manuel Zelaya Rosales, anterior presidente de la República que fue sacado por los militares el 28 de junio de 2009, veintitrés meses después del golpe de estado. Parece que hasta ahora no ha provocado ninguna revuelta ni enfrentamiento violento -que era uno de mis temores-, no porque pensara que se fueran a sublevar sus partidarios, sino más bien porque los oponentes a su vuelta organizaran algún tipo de protesta que prendiera la mecha en los ánimos caldeados y eso provocase una explosión. Más bien parece que no va a pasar nada, aunque realmente no sé que es peor. Desconozco los términos del acuerdo firmado por el presidente de facto Porfirio Lobo y el defenestrado presidente Zelaya en Cartagena de Indias, Colombia, bajo los auspicios de Santos y Chávez, para lograr de nuevo la integración de Honduras en la Organización de Estados Americanos (excluida desde el golpe); pero lo más probable es que el pacto consista en que las cosas se queden como están, es decir: ni Zelaya será juzgado por los supuestos delitos que cometió y que, según los golpistas, provocaron su salida del país, ni quienes provocaron el golpe de estado y la posterior represión en toda la población que organizó la resistencia sean juzgados por la violación de los derechos humanos que tuvo efecto en Honduras. Personalmente considero que lo peor de todo es que la cosa concluya como si aquí no hubiese pasado nada. De hecho el titular de hoy en una de las publicaciones hondureñas de máxima tirada dice así: “Démosle la vuelta a la página, es hora de enterrar el pasado (Porfirio Lobo)”. El Frente Nacional de Resistencia Popular, que de alguna manera aglutinó a gran parte de la población descontenta con lo sucedido en el golpe de estado y la situación generalizada de corrupción e injusticia, busca instituirse como partido político para participar en los próximos comicios de 2013, con lo que entrará en el mismo engranaje de inestabilidad institucionalizada, y todo seguirá igual.

Deseo ardientemente que la estela del movimiento 15M llegue también hasta Honduras donde aquellas personas despiertas que luchan y se esfuerzan por una sociedad mejor, consigan que deje de ser la hacienda de la oligarquía para comenzar a ser un país gobernado en un sistema verdaderamente democrático, ni una “partitocracia”, ni una “plutocracia”; un país que no esté gobernado como propiedad de los Estados Unidos, pero tampoco del emergente imperio de Venezuela y sus países satélite, sino libre y soberano, como reza su constitución.

Una vez más el texto del Evangelio que hemos proclamado este domingo pasado, sexto de pascua, me anima y me confirma en el deseo de continuar trabajando junto a todas aquellas personas que deseamos continuar adelante sin dejarnos engañar ni hipnotizar.

15Si me amáis, guardaréis mis mandamientos;
16y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre,
17el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque
mora con vosotros.
18No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros.
19Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis.
20Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros.
21El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le
amaré y me manifestaré a él (Jn 14, 15-21).

El mundo, es decir, quienes lo dirigen y gobiernan y quienes se dejan seducir por el modo en que lo hacen, no ve ni conoce el Espíritu de la verdad; lo dramático es que no quiere verlo ni conocerlo, les aterra todo aquello que les distraiga de su sistema de enriquecimiento ilícito legalizado. Por eso quienes vivimos, o al menos pretendemos vivir, una comunión que va más allá de los intereses económicos y materiales y nos esforzamos trabajando por construir una sociedad nueva somos sospechosos. El anuncio que nos hace Jesús es que no tenemos que tener miedo, porque Él no nos va a dejar nunca, Él no nos abandona, no nos deja huérfanos; podrán sacarnos a la fuerza de las plazas y los foros donde busquemos expresar nuestro descontento con el sistema imperante, pero no podrán hacernos renunciar a la Verdad, ni nos convencerán de que lo contrario, la mentira y la ceguera, nos conviene más.

Es por esto que yo entiendo que el Señor está visible y presente, que está manifestándose, en este movimiento de lucha pacífica e indignación que, si bien tiene muchos aspectos que mejorar, busca una sociedad más justa, más humana, más cercana al Reino y al sueño de Dios para la humanidad. Por eso experimento la comunión y la fuerza del Espíritu en todo aquello que me acerca a mis hermanos y me hace vibrar con ellos, en una sintonía que va mucho más allá de las emociones o las sensaciones; es la certeza de la exigencia, por parte de Dios, de que no podemos, ni debemos, consentir que nuestros semejantes sean usados como objetos para el beneficio de unos pocos.

Seguimos al sol que no es, precisamente, el que más calienta.
Seguimos al Sol, caminamos en pos de Él, Jesús, el Dios que se ha hecho hombre haciendo suyas también las esperanzas y los anhelos de los humanos, sus deseos de solidaridad, de justicia y de paz, y que ha resucitado venciendo al mal y a la muerte, venciendo la negación de la persona, del ser humano. Celebrar la resurrección de Jesús sobre la muerte es tomar parte en su victoria, la victoria que Él ha conseguido para nosotros, sus hermanos, los hijos e hijas de Dios, para que aprendamos, en el camino del servicio a los otros, a vivir dando la vida en libertad, dignidad y responsabilidad.

[Aprovecho la ocasión para adjuntar los enlaces de dos entrevistas con José Luis Sampedro: la primera de ellas, a la que he he hecho muchas veces referencia, tuvo lugar en televisión española en enero o febrero de 2009, la otra, más extensa la he encontrado en you tube. Merece la pena escucharlo, espero que lo podáis disfrutar.]

http://www.youtube.com/watch?v=pftudoT5XmI&feature=player_embedded#at=195

1/3 http://www.youtube.com/watch?v=mdYVzdl1-Hw&feature=related
2/3 http://www.youtube.com/watch?v=Q6cqYgxmjX0&feature=related
3/3 http://www.youtube.com/watch?v=OQbUYZ0-sg8&feature=related

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